Aquí la cancha nunca es verde. El asfalto reemplaza al césped y los balcones se convierten en improvisados palcos. Son los peloteros de Guayaquil, amigos o vecinos capaces de transformar en escenario deportivo cualquier calle del barrio. Se encuentran sobre todo en el centro y sur, principalmente los fines de semana, y se han convertido en una estampa de la ciudad, aunque su “público” no siempre los alienta. También hay peatones y conductores que han debido esquivar la pelota cuando entran a la “cancha”. Algunos grupos deben ponerse de acuerdo para “cantar” las faltas entre todos, como en Sedalana y Washington, donde Luis Lavayen y sus amigos, de entre 12 y 22 años, juegan indor los domingos desde las 16:30. En otro sector de la urbe, en cambio, el vecindario se organiza para realizar un campeonato relámpago con equipos de diversos barrios como invitados. Es el caso de los habitantes del suburbio, en la intersección de la 38 y Calicuchima, lugar en que la música brota de los altoparlantes y los gritos de aliento se mezclan con los pitazos de Carlos Quimí, vecino en quien cayó la responsabilidad de marcar los saques laterales, las faltas, y decretar los goles, en un torneo para hombres y mujeres ideado por las fiestas de julio. Videógrafo: Eduardo Adams Efectos de audio: Writing, de Digifishmusic.

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