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La gran apuesta de Disney es este clásico de la ciencia ficción (para que no se confundan, no es copia de nada), que aunque está lejos de la perfección, resulta bastante entretenido.

Las flores comienzan a brotar, las alergias a molestar, pero con el estreno de “John Carter. Entre Dos Mundos”, que se pretende sea el primer blockbuster del año, no queda duda de que inició la temporada de estrenos veraniegos en el cine.

Esta cinta es la gran apuesta de Disney para los próximos años (se planea una trilogía) y aunque en sus primeros minutos resulta confusa y un tanto cansada (ni siquiera los efectos especiales la salvan), a medida que avanza la trama, “John Carter” consigue entretenernos y dejarnos, finalmente, con un buen sabor de boca.

El director Andrew Stanton (“Wall-E”) se estrena en el cine “live-action” con esta película, basada en el libro “A Princess of Mars”, de Edgar Rice Burroughs (más conocido por escribir “Tarzán”). La cinta es una historia que les resultará a todos muy familiar, pues casi es idéntica a la de “Avatar” y a la de muchas otras películas.

Hay que aclarar, para no subestimar “John Carter” a la hora de verla, que aunque la adaptación al cine del libro de Rice Burroughs llega hasta ahora, esta historia resulta ser la original, tal como la escribió el estadounidense. “Avatar”, lo dijo el mismo James Cameron, está basada también en esta trama, pero no la siguió al dedillo.

Si algunos consideran que “John Carter” fue un error de 250 millones de dólares debido a estas similitudes —que criticará la gente que desconozca la base de la cinta—, están bastante equivocados. La película está lejos de la perfección, pero te regala un par de horas agradables. Además, creo yo, consigue un ritmo más dinámico que “Avatar” y una identificación más íntima con los personajes.

Al inicio, la cinta resulta confusa. Se nos presenta un mundo supuestamente futurista donde un hombre llamado Sab Than (Dominic West), rey de Zodanga, obtiene un poder especial que le otorga un grupo de algo así como monjes budistas (aunque de budistas sólo tienen la calva) liderado por Matai Shang (Mark Strong). Luego se nos lleva al pasado, a dos épocas diferentes a finales de 1800, donde el propio escritor Edgar Rice Burroughs (Daryl Sabara), muy jovencito, se entera de la muerte de su tío John Carter (Taylor Kitsch) y recibe de éste su diario. Al comenzar a leerlo, descubre una historia impresionante, donde Carter, un ex soldado de Virginia (créanlo, su ciudad natal es mencionada con frecuencia), se traslada a Marte por razones misteriosas, pero el planeta rojo allá es conocido como Barsoom.

En este lugar es capturado por un marciano llamado Tars Tarkas (Willem Dafoe), rey de los tharks, unos seres verdes con cuernos y cuatro brazos. Carter también conoce a Dejah Thoris (Lynn Collins), la hermosa princesa de Helium, quien escapa de su pueblo para evitar casarse con Thah, que pretende dominar todo Barsoom. La llegada de Carter resulta muy conveniente para todos, pues creen que podría liderar una guerra contra el rey de Zodanga.

Aunque no dije ningún spoiler, el final cualquiera puede predecirlo. Aquí lo importante es cómo John Carter comienza a descubrir que su corazón le pertenece a Marte, más que a la Tierra. Los personajes, en especial los tharks, son más profundos de lo que podría suponerse. Esto, probablemente, por el soporte de buenos actores tras el “motion-capture” (la misma herramienta utilizada en “Avatar” para crear a los Na’vi), como Dafoe, Thomas Haden Church y Samantha Morton.

Quienes interpretan a Carter y Dejah (Kitsch y Collins) no son tan espectaculares —eso sí, los dos son bellísimos—, pero tampoco entorpecen la narrativa de la cinta. Su química e historia amorosa es muy similar a la de Jake Gyllenhaal y Gemma Arterton en “El Príncipe de Persia”.

Pero es esa narrativa, ese ritmo bien estructurado en la acción, lo más acertado para hacer de “John Carter” una película que no se derrumba a pesar de sus defectos: saturación de explicaciones (hay incluso esa escena espantosa donde el villano lo cuenta todo), algunos efectos visuales malogrados y el sentimiento de déjà vu, pues ya sabemos bastante bien cómo se irá desarrollando la trama.

A pesar de estas fallas (importantes, queda claro), hay elementos que permiten que la cinta valga el boleto del cine. La ciencia ficción que planteó Rice Burroughs es rica e imaginativa, y nos deja con una nostalgia agradable al pensar en Marte y sus famosos marcianos. Stanton, en la dirección, aporta bastante al conseguir un mundo extraterreste con poderosos escenarios, una mezcla de desiertos reales con efectos por computadora que resulta grandiosa y en momentos artística. La música, de Michael Giacchino, es también exquisita.

Si algo sale sobrando es el 3D. No está mal empleado, pero no se perderá de nada si entra a la sala convencional. Pero entre, porque “John Carter” al menos le hará pasar un buen rato.

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