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Después de permanecer casi tres meses en el Shriners Children Hospital de Boston, en Estados Unidos, tres de los cinco niños quemados que viajaron para tratar las gravísimas secuelas que el fuego les causó, retornaron a Cochabamba transformados.
Aún les falta recorrer un largo camino y tendrán que retornar a Boston en unos meses para someterse a nuevas cirugías reconstructivas, pero ya no son los mismos que partieron el 6 de febrero de 2014. Sus vidas fueron tocadas por el amor de la Fundación Healthy Happy and Kids de la boliviana Claudia Tolay y su esposo Joseph Currier y ese amor hizo milagros.
Los niños que volvieron de Boston son Luis Miguel Cuba (9), Limbert Ponce (4) y Carla Romero (15). Limbert retornó en marzo, junto al director del Pabellón de Niños Quemados de Cochabamba Óscar Romero. Luis Miguel Cuba y Carla Romero, llegaron en un vuelo comercial el 1 de mayo. Luis Miguel tenía 8 años cuando su abuelita lo mandó a quemar un montón de basura. El fuego alcanzó un aerosol y éste explotó quemando el 75 por ciento del cuerpo del niño. Sus padres se fueron a España y su familia lo abandonó en ese estado. Al margen de sus heridas físicas, Luis Miguel tenía una depresión tan profunda que había perdido las ganas de vivir. Un equipo de profesionales trabajó con él en sesiones dobles de musicoterapia, terapia recreacional, de psicología y de psiquiatría. Lo ayudaron a aumentar de peso para que soportara mejor los múltipes injertos y los tratamiento de láser para suavizar algunas cicatrices. Pero, sobretodo, recibió mucho amor.
Hoy Luis Miguel es otro niño. Recuperó la ganas de vivir y quiere ser médico. Mientras se recuperaba, aparecieron sus padres desde España. Claudia Tolay y una psicóloga hablaron con ellos para ponerlos al tanto de todo el dolor que enfrentó su hijo y la necesidad de amor que tiene. Se comprometieron a volver a Bolivia para apoyarlo. Luis Miguel necesitará fisioterapia y un control de sus heridas para evitar retracciones. Dentro de un año, el niño volverá a Boston para dos cirugías en las axilas.
Carlita Romero tenía 10 años cuando un chofer ebrio embistió e incendió el vehículo en el que viajaba con su familia. Su madre murió en el accidente y ella se quemó el 75 por ciento del cuerpo.
En Estados Unidos la operaron de varias retracciones, recibió tratamientos de laser para suavizar las cicatrices. Tendrá que volver a Estados Unidos en noviembre para someterse a una cirugía plástica facial, una operación reconstructiva de la mano y más sesiones laser de alta potencia. Carla es hoy una adolescente de 15 años segura de sí misma y anhela ser médica cirujana para ayudar a otros niños quemados.
Todavía se quedan hospitalizados Rubén Quisbert y Obner Soria. Rubén tuvo varias cirugías en piernas, brazos y volverá a Bolivia a mediados de mayo. Regresará a Estados Unidos en enero de 2015 para la reconstrucción de su mano.
Obner Soria, el pequeño de 9 años que fue quemado por un criminal en Totora, y que se robó el corazón de muchos cuando pidió una torta en su cumpleaños, ya camina desde hace más de un mes, come solo, juega al fútbol, corre y juega. Subió 10 kilos de peso y creó un lazo de amistad muy fuerte con Luis Miguel. Obner es cuidado por la familia del doctor Gregory Steinberg que le da mucho cariño. Volverá en octubre luego de 4 cirugías más.
El enorme corazón del “ángel de los niños” y su equipo se ensancha aún más. Claudia Tolay viajará a Turquía para apoyar a niños víctimas de los conflictos en Siria.
Datos.
7 niños beneficiados
La Fundación Healthy Happy and Kids ya ha beneficiado a 7 niños bolivianos. Rosalía Apaza (atacada por rottweilers en La Paz) y Carlos Gutiérrez viajaron en 2013. De Cochabamba fueron Luis Miguel Cuba, Rubén Quisbert, Carla Romero, Obner Soria y Limbert Ponce.
El mejor cirujano
El mejor cirujano reconstructivo de manos en el mundo, el doctor Joseph Upton accedió a operar a Obner Soria, Carla Romero, y Rubén Quisbert.
Equipo de oro
El equipo de Healthy Happy and Kids, fundado por la boliviana Claudia Tolay, está formado por personas que trabajan por los niños olvidándose de ellas mismas. Tolay entra al quirófano con sus ahijados para infundirles fuerza, amor y confianza. Los mima con todo lo que puede.
Óscar Romero viajó y se capacitó en injertos con piel sintética
No solo cinco niños viajaron el 6 de febrero de 2014 a Estados Unidos en el avión privado de Claudia Tolay y su esposo, el médico Joseph Currier. La boliviana, conocida desde que se convirtió en el ángel de Rosalía Apaza, la niña que fue atacada por perros rottweilers en La Paz, invitó al director del Pabellón de Niños Quemados de Cochabamba, Óscar Romero, a acompañarlos para mostrarle nuevas técnicas en el tratamiento de pacientes con quemaduras.
“Viajamos los niños, dos enfermeras, una psicóloga, fisioterapeutas y médicos entre los que estaba yo. Fue una gran experiencia”, dice. Romero se quedó 20 días en Estados Unidos y retornó con el primer niño tratado, Limbert Ponce de 4 años. El profesional quería capacitarse en los injertos con piel sintética, pero reconoció que el alto costo de este material lo hace inviable para Bolivia, por lo menos en este tiempo.
“Esta piel sintética ayuda a que el paciente quemado no pierda líquidos, proteínas y se mantenga estable, pero no es definitiva y es muy cara. El pie cuadrado, es decir, 28 por 28 centímetros, cuesta 5 mil dólares y en cada paciente se precisaría una inversión de 20 mil dólares”, describió. El costo es muy alto tomando en cuenta que esta piel debe ser reemplazada después de unos meses.
“En nuestro país eso es una fortuna, pero ha sido una experiencia única en los aspectos técnicos, de recursos humanos e infraestructura”, confesó. En hospitales de Estados Unidos, cuatro enfermeras atienden a un solo paciente quemado grave. En Cochabamba, hay una enfermera para atender a 15 pacientes en esas condiciones.
“Nuestra pobreza es muy evidente, pero aún así, lo que pude ver es que pese a nuestras tremendas limitaciones, los médicos hacemos las mismas cosas”, dijo. Añadió que en Pediatría tienen un sistema para recuperar a los niños quemados en más del 85 por ciento de sus cuerpos que vence la alta mortalidad que existe entre los adultos y eso les hace sentirse tranquilos, pero podrían hacer más con equipos.

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