Música, baile, comida, cohetillos, bebida y mucha alegría fueron los principales componentes del tradicional Martes de Ch’alla, celebrado ayer. El juego con agua fue reemplazado por las espumas y no faltó el humor y la picardía de los vecinos que salieron a las calles en comparsas, disfrazados y adornados con serpentinas y globos.
Esta es una de las ceremonias más importantes de agradecimiento a la Pachamama y también de petición de prosperidad tanto en el área urbana como rural, explica el antropólogo José Antonio Rocha.
Los festejos más ostentosos se vieron en la Terminal de Buses. Allí los propietarios y conductores bailaron al ritmo de bandas contratadas. Se sumaron los transportistas de las líneas de taxis que ofrecen el servicio a los pasajeros y los lustrabotas. La estación estuvo cerrada hasta las cinco de la tarde mientras duraron los festejos.
En diferentes calles de la ciudad se observó caravanas de radiomóviles adornados con globos y serpentinas.
Los comercios, las tiendas de barrio, los kioskos de las esquinas e incluso los puestos ambulantes fueron ch’allados como manda la tradición.
José Antonio Rocha explica que en las zonas rurales la ch’alla es la expresión de agradecimiento y de petición. “Se agradece por las primeras papas, las habas, los duraznos, los cholos, ante eso cómo no agradecer pero al mismo pedir para que siga siendo así. Entonces, ese mismo sentido aunque con diferentes formas se vive en las urbes, quieren progreso y prosperidad por eso hay la ch’alla en los trabajos con el mismo sentido de agradecer y pedir”, añade el profesional.
Un importante momento en la ceremonia del Martes de Ch’alla es la q’oa. La mesa conformada por la q’oa, los misterios, los sullus, confites representan a la vida misma. La ch’alla en las cuatro esquinas con chicha, alcohol o cualquier bebida es el sentido de la totalidad, de la integralidad. La ch’alla en las esquinas hace referencia a la tierra, al aire, al agua y al fuego e incluso una más al medio que significa el equilibrio.
4 Días de Carnaval
La fiesta del Carnaval en la cultura andina es tiempo de diversión y de juego y no está relacionado al desenfreno como lo interpreta la cultura occidental, explica el especialista José Antonio Rocha. Por lo tanto,
no hay la necesidad del arrepentimiento posterior.
Es un espacio de integración y de recuperación de valores sociales y políticos como la responsabilidad y el servicio.
La comida, bebida, música y danza también son elementos de la ceremonia.

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