La pequeña Aylen Caero Ustaris a sus seis años logró la corona pilotando una motocicleta 50 CC, luego de realizar una buena campaña en las diferentes competencias nacionales de la presente temporada.
Ella es la única mujer campeona nacional compitiendo entre varones en la historia de la Federación Boliviana de Motociclismo (FBM). Luego de los siete nacionales que se corrieron este año, Caero sobresalió compitiendo con más de 45 pilotos y después de disputarse la última fecha en La Paz, llegó con 19 puntos de ventaja sobre Roy Delgado, el campeón de la categoría en 2016. Aylen corrió la última prueba en la sede de gobierno con mucha cautela, tratando de no caerse o que la moto sufra algún desperfecto.
La pequeña comenzó a manejar a fines del año 2014 en la moto que dejó su hermano mayor, Rodrigo, que competía oficialmente en las pruebas de la Asociación de Motociclismo Cochabamba (AMC).
Primero lo tomó como un pasatiempo y después, cuando comenzó a participar en pruebas de su categoría, fue muy difícil bajarla de la motocicleta, comenta la deportista cochabambina.
Oficialmente participó en las competencias locales en la temporada 2015, corriendo en el circuito Cochabamba de la zona de Quintanilla, en la categoría Inicial, que era con dos rueditas a los costados de la motocicleta.
Logró su primer título departamental en 2015 ganando en las pruebas del circuito de Quintanilla, Cliza, Sacaba, Punata, Aiquile, Mizque, Arani, Quillacollo e Irpa Irpa, lugares donde se corren fechas válidas para el ranking departamental de la AMC.
Aylen dice que le gusta entrenar todas las tardes y por ello su papá es quien se encarga de llevarla al circuito de Quintanilla a entrenar, y cuando el tiene mucho trabajo su mamá Claudia la lleva junto a un amigo de la familia, Jhonn Medrano, que también le colabora enseñándole algunas técnicas que ella las aplica en las competencias.
La pequeña motociclista cuenta que le gusta revisar su moto junto a su papá, que es mecánico, y ya conoce las llaves y sabe acomodar las piezas del motor.
Ella casi siempre trabaja con su progenitor, pues le ayuda pasándole las llaves y otros accesorios que necesita en el taller de mecánica de motos, que es en uno de los ambientes donde vive.
Su apodo es la “Checha” Caero, ya que su mamá, cuando era más pequeña le decía mi “Princesa o Pinchecha” y de ahí quedó con el sobrenombre de “Checha”.
Uno de sus mejores amigos es Jhonn Medrano, su mentor oficial y entrenador, quien le enseñó a mejorar su técnica, y es el que siempre le ha estado dando consejos sobre el manejo de la moto.
Cuando se realiza el acto inaugural del año deportivo o la hora cívica de su escuela, ella va vestida de motociclista, representando al deporte que es su pasión, comenta la motociclista.
Le gusta mucho la velocidad y por ello piensa y sueña que su futuro estará rodeado del deporte del vértigo.
Aylen apunta ahora a pelear por los primeros lugares en la categoría 55Mx, aunque todavía no alcanza a la moto, ya que es muy grande, pero la maneja muy bien.
El primer trofeo que ganó en el circuito Cochabamba le regaló a su papá diciéndole: “toma, es para ti, guárdalo muy bien, ya que yo ganaré muchos más”.
Aylen relata que es muy celosa de su moto y sus trofeos, no le gusta que toquen, y cuando alguien quiere sacarse alguna foto arriba de su motocicleta, ella no acepta.
Le gusta ver videos de Motocross y Super Cross de la AMA (American Motorcyclist Association), ya que luego de llegar a su casa de la escuela, almuerza, hace sus deberes escolares y luego de ver los videos constantemente está nombrando a grandes corredores como Chad Reed, Ryan Dungey, Eli Tomac, James Steward, y en damas a Laia Sainz y Ashley Fiolek. En nuestro país admira como maneja Marco Antezana y, a su edad, ya sueña con correr algún día en una competencia en Estados Unidos.
Aylen Caero, a su corta edad, ya cosechó muchos galardones, y va por muchos más.
ANÉCDOTAS
Desde que empezó a correr, lloraba mucho cuando no ganaba. Su hermano mayor Rodrigo le tenía que regalar su trofeo para que ella dejara de llorar y también para incentivarla a fin de que la siguiente competencia pueda ganar.
Cuando ganaba una competencia, no quería parar, le bajaban la bandera a cuadros hasta dos veces los que controlaban en la meta y su papá tenía que correr para bajarla de la moto.
Ya cuando hacía podio nuevamente surgió otro problema: sólo quería trofeo de primera, y si salía segunda o tercera no quería recibir el premio, se ponía a llorar y peleaba con sus papás y después empezó a apuntar a un solo objetivo: ser siempre la primera.
Si se clasifica segunda o tercera, no habla a nadie, se enoja porque no le gustaba perder y continua así hasta ahora.

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