El crédito productivo es uno de los motores que estimula el crecimiento de la actividad económica y desarrollo de un país, pues fomenta el aumento de la actividad productiva que transforma insumos y materias primas en bienes para satisfacer las necesidades de la población.
La Ley N°393 de Servicios Financieros estableció un régimen de regulación de tasas de interés para créditos productivos, con porcentajes máximos fijados en función al tamaño de la unidad productiva (11,5% para microempresas; 7% para pequeñas y 6% para medianas y grandes empresas – D.S N°2055), que constituyen un bajo costo financiero y un estímulo para las actividades del país.
Después de aproximadamente 4 ½ años de la puesta en vigencia de la señalada medida, se hace necesario conocer sus resultados que son puntualizados a continuación:
Según datos de ASFI, el 2009 la cartera de crédito productivo fue de $us1.676 millones, valor que incrementó en 145% hasta el año 2014 (período previo a la aplicación del D.S N°2055) registrando una cartera de $us4.118 millones. Después de la medida (2014-2018) el crecimiento presentó mayor dinamismo (168%) y se generó una cartera productiva de $us11.044 millones al cierre del 2018.
El 73% de la cartera productiva del año 2009 ($us 1.231 millones) fue crédito empresarial y el 27% microcrédito ($us 445 millones). En el periodo 2014-2018 la distribución del crédito productivo fue más equitativa y el 2018 esta registró un 40% ($us 4.410 millones) en microcrédito, 38% ($us4.238 millones) en crédito empresarial y 22% ($us2.395 millones) en crédito Pyme.
El número de operaciones de crédito productivo registró el 2009 un total de 172.710, de las cuales 10.545 fueron empresariales y 162.165 de microcrédito. El 2018 la variable incremento en un poco más de 3.5 veces (606.562 operaciones) correspondiendo a microcrédito el 98% (595.697 operaciones), 3% a Pymes (16.650) y 0,7% a empresariales (4.215).
Los sectores con mayor participación en la cartera de créditos productivos (2018) se concentran en la industria manufacturera (37%); 26% en construcción (un incremento de 4 puntos porcentuales respecto al 2014) y 24% en agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (un incremento de 1 punto porcentual respecto al momento en que se inicia la medida). El resto de sectores productivos representa el 13% de la cartera productiva (9 puntos más respecto al 2014).
Revisando el crecimiento del PIB real de la economía, el 2017 fue de 4,2%, que comparado con el crecimiento de la producción real de la industria manufacturera (3,3%); de construcción (5%) y agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (7,6%), se pueden advertir porcentajes significativos que incluso en algunos casos superan al crecimiento del PIB real.
Otra variable estimulada por el crecimiento del crédito productivo, fue la Formación Bruta de Capital Fijo (valor de los bienes que las unidades institucionales adquieren para incrementar su acervo de activos fijos y que utilizan en procesos de producción), que según datos del INE, el año 2013, cuando se promulga la Ley N°393, registró un valor de US$1.147millones para luego el 2016 ascender a $us 1.369 millones (última publicación del INE), es decir, hubo un incremento de 19,4%.
La reducción del costo del crédito productivo, se complementó con otras medidas que facilitan el acceso a mercados, como es el uso de dispositivos móviles vinculados a productores nacionales y consumidores que disponen del 15% de su doble aguinaldo; la constitución de fondos de garantía que facilitan el acceso al crédito; el Seguro Agrario Universal “Pachamama” que asegura la producción agraria y el desarrollo de programas de capacitación y asistencia técnica para la producción y gestión empresarial del Banco de Desarrollo Productivo BDP SAM, entre otros.
En este marco, se concluye que los resultados del régimen de regulación de tasas de interés para créditos productivos son altamente positivos.

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