La Paz recibe a marchistas con aplausos y merienda

La IX marcha indígena en defensa del TIPNIS llegó ayer a una La Paz donde mermó el apoyo ciudadano en relación con el recibimiento de la marcha en 2011, pero ante las amenazas de una posible choque con grupos afines al MAS, la población se volcó masivamente para proteger a los marchistas.

Amparo Loza y Ana Nogales fueron las primeras paceñas que dieron su apoyo a los marchistas con algo de comida en el recibimiento a la IX marcha indígena, tras 62 días de caminata iniciada el 27 de abril y 600 kilómetros recorridos desde Trinidad en defensa de su territorio y contra el proyecto carretero del Gobierno que cruza por el corazón del Parque Nacional Isiboro Sécure.

Los originarios recorrieron ayer los últimos 12 kilómetros de su cruzada a partir de las 9:00, desde Urujara, donde también se congregaron activistas medioambientalistas.

Organizar el inicio de esa última caminata no fue difícil para los dirigentes, ya que parecía que los marchistas no eran más de 200 ó 230, según coincidieron varios dirigentes.

Desde Urujara la marcha fue reforzada por representantes de otras organizaciones.

A media hora de la tranca, los vecinos, que curiosos se acercaban a las calle, observaban el paso cansino de la columna.

La carencia de apoyo de la ciudadanía era imperante hasta el mercado de Chuquiaguillo, donde representantes de distritos de la ciudad convocaron a sus vecinos.

Ahí estaba María Gonzales, de 55 años, junto a su madre, Graciela Fernández, de 77, acomodadas en sillas a la espera de la marcha, como lo estuvieron el 19 de octubre del año pasado para recibir a la VIII marcha indígena. María advirtió que “dicen que esta marcha es pequeña, qué pena”.

A partir de la plaza del Maestro, en Villa Fátima, la solidaridad paceña se manifestó en menos estribillos y más bien en más refrescos y bolsas de galleta, pipocas o “chisitos”. Para entonces la columna se había duplicado.

Fueron los vecinos que alrededor de las 13:00 corrieron el rumor de que una contramarcha esperaba a los indígenas para impedir su avance.

La frase: “Entonces marchamos todos”, lanzada por un vecino, tuvo inmediata repercusión: adolescentes, ancianas con bastón, discapacitados en silla de ruedas, extranjeros que apenas entendían español y mujeres de pollera que pijchaban coca se sumaron a la movilización , acto solidario que tal vez representa mejor el recibimiento paceño.

Policías de la Universidad Policial Mariscal Antonio José de Sucre, en la calle Iturralde, en Miraflores, se parapetaron en la fachada de su edificio y otros salían de las aulas a los balcones para aplaudir a los originarios.

Al llegar a la avenida Camacho, un grupo de simpatizantes que en su mayoría no acompañó a la columna desde Urujara se ubicó a la cabeza de la marcha, dejando atrás a los protagonistas. Pero a una cuadra de la plaza Murillo los indígenas retomaron ese puesto frente a la barrera policial que impidió su ingreso, gases lacrimógenos de por medio.

Y no fueron los marchistas los que más arremetieron contra los uniformados, aunque les gritaron consignas como “¡motín policial!” para que puedan abrir el paso hacia el centro histórico.

La marcha siguió hasta San Francisco, donde los indígenas agradecieron el apoyo de La Paz y anunciaron que permanecerán en esta ciudad hasta obtener una respuesta satisfactoria del Gobierno, aunque calculan que esto no será pronto.

Fuente: Página Siete

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