El investigador en temas sociológicos mineros, Emilio Madrid, aseveró hoy que los recursos naturales como el agua y el suelo no están contabilizados en las operaciones mineras que realizan las empresas transnacionales en el país.

“No hay indicadores que internalicen este tema; actualmente se valora y estima la actividad minera a partir de sus indicadores de volumen y valor de la exportación, su aporte al PIB (Producto Interno Bruto), pero no entra en esta contabilidad y no están monetizados los otros recursos que también se van perdiendo como el agua y el suelo”, sostuvo Madrid en declaraciones a Erbol

Señaló que la minería, declarada como actividad estratégica para el Estado, debería tener la misma importancia por el impacto que causa a los otros recursos naturales “que son importantes para posibilitar niveles de desarrollo”.

Los recursos centrales que afecta la minería son el agua y los suelos y no entran en la contabilidad minera. “Juntos con grandes volúmenes de operación hay grandes volúmenes de agua y extensiones de suelo que se van perdiendo, en los hechos toda la población boliviana subvenciona a esta empresas”, apuntó.

Operadores no pagan por el uso del agua

Todo emprendimiento minero utiliza fuentes de agua de manera indiscriminada y con mayor preeminencia que las poblaciones. “La actividad minera afecta, sin ningún control, acuíferos y cursos de agua sin pagar un solo boliviano”, apuntó.

El investigador explicó que en los hechos, entre la necesidad de agua de una población y una empresa minera, la última tiene más derechos.

“En las comunidades de Cañadón Antequera la población está recibiendo agua potable una vez por semana del sistema de distribución, que son unos 30 litros por semana; en cambio la operación minera del lugar dispone de 120 litros por segundo y no paga nada por su uso”, dijo.

En promedio, agregó, las operaciones mineras a gran escala (San Cristóbal, Sinchi Wayra y otras) que remueven entre 20 mil a 40 mil toneladas de minerales, disponen por día de 42 mil a 50 mil metros cúbicos de agua, es decir un promedio de 1,3 metros cúbicos por tonelada.

“El uso que tiene San Cristóbal de agua diario es equiparable al uso del casco viejo de la ciudad de Cochabamba, sin embargo esta cantidad de agua usado por la minería no entra en la contabilidad de las operaciones”, remarcó.

Uso y contaminación del agua

El investigador señaló que existen tres maneras en que los emprendimientos mineros afectan a las fuentes de agua.

En primer lugar por el uso de grandes volúmenes del líquido vital en procesos de concentración minera, sobre todo en la lixiviación. “Pierdes agua porque se está sacando importantes volúmenes que tienen relativa calidad que puede usar la población”.

Otro tema, que no entra en las consideraciones ambientales, es el drenaje de aguas subterráneas; es decir cuando la operación minera a gran escala inicia trabajos a tajo abierto o de minas subterráneas, debe afrontar el tema de acuíferos subterráneos. “La mayoría de las veces esas aguas no son usadas en los procesos mineros”, subrayó.

“Tienen que drenar (esas aguas) y esto hace que se mezclen las distintas aguas de los acuíferos que tienen propiedades (salinas) distintas unos de otros”, indicó.

El tercer impacto tiene que ver con la disposición de las aguas residuales, que ya fueron usadas en el proceso, pero que muchas veces son acumuladas en los diques de cola y provocan contaminación.

“En Bolivia (los diques de cola) generalmente tienen fallas y llegan a ríos o lagos y hay casos que ni siquiera hacen la acumulación de sus aguas residuales, sino que las descartan directamente a los ríos como es el caso de Huanuni y Corocoro”, aseveró.

Contaminación de suelos

El otro recurso natural afectado por las operaciones mineras pequeñas y de producción a gran escala es el uso de grandes extensiones de suelo y su consiguiente inutilización por la pérdida de calidad.

“Si bien las operaciones mineras dicen que después (esos suelos) van a ser restituidos, esas zonas no van a poder ser usadas con fines agrícolas, sino de forma ornamental y bajo monitoreo, es decir que luego de 20 años de desarrollo minero el suelo ya se volvió frágil y ya no va a tener el mismo uso”, indicó.

Existen muchos casos como el de Inti Raymi, donde la operación minera afectó un radio de cinco kilómetros de suelo dedicado al pastoreo, en las laderas del río Desaguadero. “Antes de que llegara la empresa esa era una zona ganadera, ahora los comunarios tienen que buscar otros lugares para el pastoreo”.

Compensación

Los criterios de compensación en el tema minero son muy arbitrarios, aseveró Madrid, porque están fundados en el valor comercial del suelo, mientras que en el tema del agua no existe ningún proceso de compensación.

“En el tema de Coricollo, Oruro, hubo todo un proceso de compensación sobre el suelo de uso agrícola y habían tierras que no tenían este uso intensivo desde el punto agrícola, entonces son valoradas con precios muy bajos”, señaló.

Indicó que siempre existe el compromiso de las operadoras mineras de recuperar el suelo cuando la empresa se vaya, pero generalmente ese suelo ya no sirve. “Después del cierre de operaciones tiene que haber un periodo mínimo de 10 años de monitoreo, pero en realidad ese suelo ya no sirve, se altera el comportamiento geológico y difícilmente va tener una función agrícola, y aunque tenga producción quién podría animarse a consumir de ese suelo”, puntualizó.

El investigador destacó que el gobierno valora más los puestos de trabajo generados por la minería y no pone el mismo énfasis en la actividad económica que se está perdiendo, como la agricultura y la ganadería, que traen como consecuencia desempleo en ese sector.

Fuente: Erbol
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