“Seguro que quiere sólo sexo”, “es demasiado hombre para mí”, “no le voy a gustar”….ésas son algunas de las excusas que las mujeres que padecen androfobia suelen esgrimirse a sí mismas para autoconvencerse de que seguir solas es lo mejor que les puede pasar.

Infobae.com consultó a la licenciada Ofelia Salgueiro (MN 33700), integrante del equipo del Instituto de Psicología Argentino (Inepa) para saber acerca de este miedo persistente que sufren algunas mujeres.

¿Qué es la androfobia?

La androfobia se da sólo en mujeres: es un miedo intenso, persistente, exagerado e irracional hacia los hombres. Se intensifica mucho más en los casos donde puede generarse un acercamiento amoroso, intimidad o mayor compromiso. Cabe aclarar la diferencia entre el miedo y el miedo irracional (fobia).

El miedo apropiado es causado por información realista ante un peligro que asustaría a cualquier persona normal, por ejemplo tener una primera cita con un hombre, que no conozco nada de su vida y me dice de encontrarnos en un lugar de noche que es solitario y aislado, o subirme a un auto de un hombre que no conozco. Este tipo de miedo actúa como protección y está muy bien que así sea.

Personas que no tienen esta alarma del miedo, se pueden exponer a situaciones peligrosas que pueden llegar a ser lamentables.

¿Qué pasa cuando este miedo es un miedo irracional? En el caso de la androfobia, que es una fobia específica hacia los hombres, es un temor irracional, la mujer sabe que no tiene sentido lógico su miedo pero sin embargo no puede dominarlo. Esto produce angustia, ansiedad y evitación.

¿Cuáles son las señales para reconocer a quien la padece? ¿Cuál es su comportamiento?

Las señales para poder reconocer a la androfobia son situaciones en donde a la mujer, en reiteradas situaciones en el acercamiento hacia un varón, se le desencadena una serie de síntomas. Por ejemplo:

síntomas mentales o cognitivos: pensamientos, diálogos internos negativos, conversaciones con uno mismo que acuden en forma de frases sueltas. “Seguro que piensa que no soy nada interesante”, “es mucho para mí”, “sólo quiere sexo”, “hago todo mal”, “a nadie le voy a gustar”, “voy a ser soltera”, son algunas de las que pueden aparecer en la mente de estas mujeres.

Además, de ideas, la mujer podrá experimentar imágenes, escenas que acuden automáticamente a la consciencia. Secuencias de imágenes de fracaso, abandono, engaño, de rechazo. Todo esto crea una actitud defensiva hacia el hombre, creyendo que quieren aprovecharse de la situación.

Otras señales que pueden aparecer

Síntomas físicos: rubor facial, tensión muscular, temblores, mareos, palpitaciones, sudoración e inapetencia.

Síntomas emocionales: inseguridad, vergüenza, angustia, ansiedad, tristeza, depresión, agresividad, miedo al ridículo.

Síntomas conductuales: querer escapar o huir y evitar de antemano situaciones que generan miedo, dificultades para mantener una conversación, posponer o cancelar encuentros.

¿Puede ser la causante de que una mujer no forme pareja?

Sí, muchas mujeres terminan evitando estar en pareja. Esta situación les genera tanto “descontrol emocional” que se sienten más cómodas y seguras estando solas, prefieren evitar todo tipo de acercamiento hacia los varones, no aceptan presentaciones ni citas, prefieren que todo sea de manera “natural”, pero pasan los años y todo sigue igual, siguen sin conocer a nadie porque no hacen nada para que eso se genere. Justifican y tapan su miedo diciendo que están avocadas al trabajo o a alguna otra actividad. Terminan creyendo que generar un compromiso o acercarse a un hombre ya no es importante.

¿Tiene su origen en algún trauma pasado o experiencia dolorosa? ¿Qué lo provoca?

La androfobia puede tener su origen en la infancia o alguna situación traumática o dolorosa del pasado o por un mal vínculo, escaso o nulo con el padre, así como por exposición a conflictos y peleas parentales.

Otro de los causantes pueden ser mensajes inadecuados y/o creencias, a veces intergeneracionales (trasmitidas de generación en generación) acerca de cómo son los hombres y cómo son las mujeres, lo cual para algunas personas, dentro de esa familia, tienen fuerza de ley

Abuso, violación en la infancia o adultez, malas experiencias de pareja, rupturas o reiterados fracasos con varones pueden provocar este tipo de fobia.

Las mujeres que padecen androfobia desconocen sus propias emociones, no califican sus propias necesidades (de amar y ser amadas). Tapan estas auténticas necesidades con miedo al fracaso y al ridículo. Como les es difícil conocer las emociones de los demás y presuponen que las juzgan, las critican. También muchas mujeres, nuevamente ocultando su verdadera necesidad, toman una actitud más distante, fría, indiferentes y por momentos agresiva hacia los hombres. Son mujeres que se angustian, sufren y tienen una tendencia a una visión catastrófica de la pareja.

¿Qué rol juegan las actitudes de evitación y huida?

Evitación y huida son las consecuencias de una androfobia. El malestar es tan grande que aparecen todo tipo de mecanismos que llevan a evitar estas situaciones de miedo. Muchas mujeres que sufren de esta fobia no se dan cuenta que muchos de sus problemas surgen por esta dificultad. La mujer cree que “es así” (tímida, vergonzosa, ansiosa), que no tienen “suerte” y va acumulando situaciones negativas que terminan en el escaso o nulo acercamiento hacia los hombres.

¿Cómo se trata? ¿Es posible llevar una vida normal?

Es muy recomendable optar por una terapia de grupo de crecimiento y desarrollo personal. Estos son grupos heterogéneos de hombres y mujeres de edades diferentes donde se aprende a relacionarse con los otros, desarrollando todas las potencialidades relacionadas con Inteligencia Emocional (aspecto central de esta problemática).

Este tipo de patología con el tiempo tiende a agravarse, por lo cual es necesario hacer algún tipo de psicoterapia.

El poder de la autoestima

La forma en que nos miramos determina las cosas que nos suceden. ¿Cómo confrontar descalificaciones y críticas? ¿Cómo influye en nuestras elecciones y decisiones? La mirada de los otros y aprender a poner límites.

Fuente: infobae.com

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