Tras la muerte de muchos manifestantes

El expresidente Hosni Mubarak fue condenado el sábado a cadena perpetua por complicidad en la muerte de manifestantes durante las protestas que concluyeron con su salida del poder el año pasado.

El veredicto remata la asombrosa caída de un hombre que gobernó el país como su feudo personal durante casi tres decenios.
La dura sentencia contra el exlíder de 84 años pareció dirigida a calmar tensiones antes de una divisiva segunda ronda de elecciones presidenciales que enfrenta al último primer ministro de Mubarak con el candidato de la Hermandad Musulmana.

Mubarak, primer líder árabe en ser enjuiciado por su propio país, permaneció en silencio dentro de una jaula en la sala del tribunal sus dos hijos se veían nerviosos y tenían círculos oscuros alrededor de los ojos. Su hijo mayor, Alaa, susurraba versículos del Corán.

El exlíder de 84 años fue entonces transportado en helicóptero desde la academia de policía que fue usada por el tribunal en El Cairo a la prisión de Torah, donde sus hijos y miembros de su régimen han estado cumpliendo sentencias de prisión o detenidos en espera de juicio por numerosos cargos de corrupción.

Miles de policías antimotines acordonaron el edificio para impedir que manifestantes y familiares de las víctimas se acercasen demasiado. Centenares se mantuvieron en las afueras, ondeando banderas egipcias y demandando “retribución”. Algunos colocaron una fotografía de Mubarak en el suelo y la pisotearon.

Mubarak y sus dos hijos -Gamal y Alaa- fueron absueltos de cargos de corrupción, pero los hijos aún enfrentan otro juicio por cargos de insider trading. El exministro del interior Habib-el-Adly fue sentenciado también a cadena perpetua por las muertes de los manifestantes. Otros seis funcionarios de seguridad fueron absueltos.

El juez Ahmed Rifaat hizo una enérgica declaración antes de pronunciar sentencia. Mubarak y sus co-acusados estaban en una jaula de hierro.

Rifaat describió la era de Mubarak como “30 años de oscuridad” y de “pesadilla oscura” que concluyó solamente cuando los egipcios se alzaron para demandar cambios.

Rifaat, que presidía su última sesión en la corte antes de retirarse, dijo que Mubarak y el-Adly no intervinieron para frenar las muertes durante los 18 días de protestas populares, que fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad. Más de 850 manifestantes resultaron muertos, la mayoría a tiros, en El Cairo y otras ciudades.

Fuente: AP

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