A sus escasos 15 y 16 años, dos hermanas fueron sometidas a tanto sufrimiento que las lágrimas ya no brotan fácilmente de sus ojos. Marisa y Mélany (nombres cambiados por su seguridad) nacieron en Cachuela Esperanza, Beni. Sus tíos las trajeron a Cochabamba hace dos años y medio comprometiéndose ante sus padres que les iban a pagar sus estudios. Sin embargo, las menores jamás pisaron una escuela en esta ciudad. Se convirtieron en esclavas de sus tíos y primos quienes las sometieron a diferentes vejámenes y torturas hasta que una vecina se apiadó de su viacrucis y llamó a la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia pidiendo auxilio para ambas.

Las autoridades fueron hasta la casa denunciada en Pacata. Salió la tía, María Rosario Suárez y dijo que las adolescentes habían salido. Empero, las funcionarias las buscaron por la puerta trasera de la casa, las vieron en el patio y las rescataron.
Los testimonios de las menores son horrorosos. A pesar de ser ya unas adolescentes, sus cuerpos parecen las de unas niñas de 10 a 12 años. Según el diagnóstico de los médicos, tienen desnutrición en grado 3. Y no es para menos. Ambas coincidieron en señalar que su tía les daba agua, arroz y sal para que se cocinen. “Hacíamos sopa con eso y comíamos pero no nos hartábamos”, cuenta Marisa (16). Entonces iban al patio y recibían la solidaridad de una vecina que les traía pan para engañar el hambre.
Las hermanas tampoco dormían dentro de la casa con el resto de la familia. Eran tratadas como animales y descansaban en un cuarto pequeño en el patio. No las dejaban salir a la calle. Las obligaban a lustrar los pisos, lavar, planchar, cocinar y cuando se quejaban de dolor o pedían una pausa en los trabajos, eran golpeadas cruelmente. Según la Policía, también fueron violadas. Sus tíos y primos les quemaban el cuerpo con carbones encendidos, les pegaban los lóbulos de las orejas a la cabeza con silicona caliente. Les arrancaban mechones de cabellos, las pateaban y las sometían a choques eléctricos.

“Mi tía Charo y su hija Martha son las que más nos pegan con palos, nos echan con agua caliente, entre los tres nos agarran y nos hacen sentar en carbón encendido, nos arañan, nos tratan de cunumis, por desobedecer sus órdenes. Ahora se enojaron porque se perdió plata y joyas y nos culpan”, dijo Mélany (15). Marisa, la mayor, contó que el miércoles en la noche su prima Martha Suárez las golpeó mucho porque ya no querían lustrar los pisos.

“Nos dolían los brazos pero no entendían eso, nos agarraron a puñetes, patadas y a palazos, nunca nos dieron ni un calmante, a mi hermana le quemaron un seno con carbón caliente”, contó. Las menores no quieren volver al Beni pues aseguran que sus padres, si bien no las pegaban, las obligaban a prostituirse allá. La Defensoría investiga esta denuncia y las menores están en un albergue. Ayer allanaron la casa y no hallaron a los autores, sólo el palo con que las golpeaban y la cama de las chiquillas, hecha de trapos en el piso de un cuarto, al lado de los perros.

Fuente: Opinion

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