No sólo que no fueron felices para siempre, sino que su matrimonio duró escasos 20 días, incluido el trámite de divorcio. En el otro extremo, la muerte no pudo consumar su romántico papel protagónico, pese a que esta vez parecía acercarse la ocasión. Pero ellos sorprendieron a todos y se divorciaron en la séptima década de sus vidas y la cuarta de casados. Y eso de “nunca te olvidaré” o “te amaré por siempre” tampoco ya funciona porque hay quienes se divorcian hasta de los hijos.

Desde los años 90, cuando las leyes empezaron a facilitar el divorcio y las sociedades dejaron de condenarlo, se inició un aún caótico cambio global. En el mundo hay cada vez más divorcios y menos matrimonios, y Bolivia no es la excepción en esa tendencia. Según datos del Servicio de Registro Civil (Sereci), desde hace más de una década crece el índice de divorcios. Entre 2011 y 2017, por ejemplo, hubo 50.666 matrimonios. En ese mismo periodo se registró un total de 17.793 disoluciones matrimoniales.

El ritmo de separaciones es tan sostenido que, de acuerdo al Comité Pro Familia, siete de cada 10 matrimonios acaban en divorcio. Igualmente señala que más del 30 por ciento de las parejas se separan a los cuatro años de casados o antes. Según el promedio de los dos últimos años comparados, cada día se producen 50 divorcios en Bolivia, es decir, más de dos por hora. Paralelamente, cinco parejas se casan en esos 120 minutos.

Y de este boom sostenido de formación y disolución de familias van surgiendo nuevos fenómenos, propios de este tiempo: divorcios a más edad (llamados “el divorcio de plata”), divorcios exprés, matrimonios a más edad y nuevos tipos de familias, entre otros. Dado que la pareja es la base de la familia y ésta la célula de la sociedad, el boom de divorcios mantiene latente una crisis social estructural.

DIVORCIOS A LOS 70

Incluso los matrimonios pre boom están colapsando. “Antes se registraba divorcios de personas de hasta 50 a 55 años, un poco más -dice el notario Pablo Mena-. Ahora vienen parejas incluso de 70, (…) generalmente tranquilas, sin pleito alguno. Y han aumentado mucho los casos de 50 o más años. También hay menos jovencitos que se casan, parece que esperan más que antes”.

“Es lo que en el exterior se llama el ‘divorcio de plata’, parejas mayores que dejan de congeniar-dice Darío López, psicólogo y terapeuta familiar-. Parejas que han convivido 40 o 50 años se separan a los 60 o 70 años de edad porque consideran que su realización personal tiene más horizontes y no se restringe, como antes, a la familia. También hay menos prejuicios sociales y presiones religiosas. Además es un mundo donde, vitalmente, los 65 de hoy, muchas veces, equivalen a los 45 de antes”.

Cambiaron los modos, los tiempos y las velocidades de los divorcios. En Bolivia ya hay personas que se han divorciado vía internet, aunque tras un todavía tortuoso trámite. Sin embargo, diversos bufetes ya ofrecen el servicio. Se asegura que es un nicho de mercado debido a una gran cantidad de casos de cónyuges que emigraron y luego se distanciaron demasiado. Otras han organizado sistemas para que sus clientes eviten la mayor cantidad posible de momentos incómodos que el clásico trámite implicaba.

FACILIDADES

“Divorcio fácil”, por ejemplo, ofrece a sus clientes desde “no pisar ni un día el juzgado y evitarle roces innecesarios con el otro cónyuge” hasta “un equipo de psicólogos y peritos especializados en la materia”. El servicio se apoya en diversos mecanismos digitales de consulta e información permanente para los clientes.

En la nueva etapa del boom de los divorcios destaca también el divorcio exprés. “Eran unos jóvenes parientes de unos conocidos -dice Mena-. Fueron pareja durante años, pero se casaron y entre el hasta que la muerte nos separe y el divorcio consumado pasaron 20 días apenas. Apelaron al divorcio notarial simple, como matrimonio no duraron ni dos semanas”.

Pero, según explican los juristas, esas marcas pueden batirse a plazos más cortos. “En el anterior Código de Familia se establecía dos grandes causas para la disolución de un matrimonio -, explica el abogado Víctor Hugo Montaño García-. La primera era la ‘separación de cuerpos, libre y consentida’ por más de dos años de la pareja. La segunda era por malos tratos, sevicia (crueldad excesiva) e injurias (desacreditación de una persona). En su mayoría los plazos de estos procesos eran mayores a un año, ahora con la Ley del Notariado te puedes separar hasta en una semana”.

Según la norma, hoy la única causal es “rompimiento del proyecto de vida”. Puede tener varios argumentos de apoyo como la violencia física y psicológica, el factor económico o sólo buscar la disolución del vínculo. Montaño también recordó que los jueces de familia tenían como consigna el de preservar el matrimonio. “Por eso -asegura-, postergaban las audiencias con la idea de que la pareja desista del divorcio ante tanto obstáculo burocrático”.

Desde la reforma del artículo 96 de la Ley 483 del Notariado (octubre de 2018), los plazos se reducen de 90 días a tres y en caso extremo a cinco. Entonces, se consuma con la anulación de la partida matrimonial por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Es decir, podría darse el caso de una pareja que en cuatro días pase de las promesas a la ruptura. Pero claro, el divorcio exprés, sin litigio, precisa de una ausencia de intereses compartidos como bienes en común e hijos.

LOS MÁS PERJUDICADOS

El remezón de las separaciones y nuevas uniones, que suma reincidencias tanto en nuevas parejas como disoluciones, se siente en diversos ámbitos. “He trabajado en instituciones educativas durante casi 25 años -recuerda Darío López-. En esos tiempos, eran contados los alumnos hijos de divorciados, incluso se los veía como casos especiales. Ahora, lo minoritario y, hasta a veces, excepcional son los hijos de parejas estables, es decir, las llamadas “familias nucleares”.

Y la sociedad ya no se constituye de dos o tres tipos de familias comunes. Hoy las diversas circunstancias que marcan a las rupturas y asociaciones de pareja derivan en una creciente variedad de modelos: “monoparentales” (a cargo de un solo progenitor), “no parentales” (con hijos adoptivos), “ensambladas” (con hijos de matrimonios anteriores y propios) y “comunitarias” (a cargo de familiares de segundo grado), entre otras. Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), 42 por ciento de las familias bolivianas son nucleares, es decir, bajo el modelo papá-mamá- hijos. Algo más del 12 por ciento tienen composición monoparental.

Pero el escenario resultante aún se muestra crítico. Los diversos grados de violencia intrafamiliar y otros indicadores señalan que la sociedad precisa cambios que vayan más allá de la mera facilidad de concluir una relación. “Es difícil que una pareja sepa llevar en buenos términos su divorcio -explica Elizabeth Machicao Barbery, directora nacional de la Casa del Adolescente-. Sería ideal concluir en una relación que sea madura, consensuada, amigable donde haya habla y escucha. Pero en general, no van en esos términos, sino en los de la pelea. Los hijos, a veces, se convierten en trofeo, y ellos, niños y adolescentes, llevan la peor parte. Finalmente, los adultos toman la decisión, por lo que fuera, pero a los hijos les afecta mucho. Les afecta en su desarrollo, en su seguridad, en su autoestima, ver las peleas entre papás tiene consecuencias muy malas. En otros casos, hay papás que se van del todo, no sólo se divorcian de sus parejas, sino que se divorcian de sus hijos también. No se acuerdan más, otros desaparecen o también construyen un vínculo muy malo”.

MALOS VÍNCULOS

Son vínculos tan malos que incluso suman argucias para evitar el pago de la asistencia familiar, o pensiones, que la propia ley impone. Según el Código de Familias, una asignación familiar mínima debe ser del 20 por ciento del salario mínimo nacional y una máxima debe ser determinada por el juez. Hoy el salario mínimo nacional llega a 2.060 bolivianos y, por tanto, su 20 por ciento es 425 bolivianos. Pero hay quienes ni eso pagan.

“Es común que una persona demandada por pensiones se presente ante el Juez de Familia y sostenga no tener trabajo y busque sólo la asistencia familiar básica – explica el abogado Montaño García-. En otros casos las personas renuncian a sus trabajos para demostrar su imposibilidad de dar pensiones. Están quienes demuestran que tienen otra relación donde también hay hijos dependientes. Hay individuos que presentan certificaciones médicas y relaciones de costos para evitar el pago o pedir una asistencia familiar mínima por enfermedad. Incluso algunos prefieren ingresar a la cárcel o ‘negociar’ una rebaja por debajo del mínimo establecido por ley”.

Machicao advierte que ese tipo de situaciones resultan muy frecuentes y suman en los golpes que castigan a la formación de los hijos. “No aportan económicamente, no son una referencia. En general la mujer termina siendo el sostén de todo y sufre problemas en la crianza con los hijos porque pierde autoridad o la culpabilizan por la ausencia del papá. Es algo cada vez más recurrente”, dice.

Los profesionales consultados coinciden también en observar el paralelo entre el surgimiento de generaciones con valores distintos con el boom de divorcios. Generaciones “con intereses más personalistas”, con “celosas metas académicas”, con “vocaciones activistas en especial con el medio ambiente”, “muy críticas de la realidad”, “que prefieren criar perritos antes que hijitos”, “sus decisiones pasan por mirar lo que pasa en el mundo hoy” y “frecuentemente prefieren vivir o volver a vivir solos, aunque con evidente frustración”.

Mientras tanto, el boom del quiebre de parejas y familias sigue sumando años. Van cuatro años, por ejemplo, desde que, por ley promulgada por el presidente Evo Morales, se estableció que cada 15 de mayo se recuerde en Bolivia “el día de las familias”. La medida fue dispuesta en agosto de 2013 ante el creciente número de divorcios en el país. Para entonces, se sumaba un promedio de 20 separaciones legales al día en el país.

EN OTROS PAÍSES

De acuerdo con un reporte de la Universidad de Maryland, al noreste de Estados Unidos, la tasa de divorcios disminuyó 18% entre 2008 y 2016 en el país norteamericano. El autor del reporte atribuye esto en parte a las personas nacidas entre 1980 y mediados de la década de 1990, grupo que se divorció en menor medida a la de sus padres, según datos de la BBC.

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