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El incremento de precios ataca a los pacientes oncológicos

Ebelia Loayza teje para vivir. Lleva sus madejas de lana en el bus, las saca mientras espera atención médica y aprovecha cada minuto para avanzar una prenda. Es madre de cuatro hijos y sufre de cáncer de tiroides, además de tener antecedentes de cáncer cervicouterino y metástasis en los pulmones. Los tejidos son una de las pocas formas que tiene para conseguir dinero y pagar los gastos que demanda su tratamiento.

Pero ahora hay algo que no puede tejer ni conseguir con sus manos; más de Bs 13 mil para su sesión de yodoterapia.

El tratamiento que costaba 6.429 bolivianos, ahora vale Bs 13.315. Para Ebelia, reunir la primera suma ya era una tarea enorme. Vendió cosas, pidió dinero prestado y consiguió una parte. Cuando estuvo lista para comprar el producto, su precio se duplicó.

Lleva más de un año y medio sin recibir la yodoterapia que necesita para frenar el avance de la enfermedad. Sabe que tiene un nódulo en el pulmón y teme que pueda activarse. Mientras tanto sus cuatro hijos esperan en casa.

 

“Yo no quiero morir”, dice. La frase no resume solo su miedo. Expone la situación de otros pacientes que llegan al Hospital de Clínicas de La Paz con la esperanza de continuar una terapia, pero terminan ante una receta que no tienen cómo pagar.

Rosario Calle, presidenta de la Asociación de Personas con Cáncer y Familiares, asegura que el problema se agravó por la falta de medicamentos y el incremento de los precios. La organización envió notas a autoridades departamentales y nacionales, pero reclama respuestas que lleguen antes que las crisis de la enfermedad. “Los pacientes no tienen tiempo para esperar”, insiste.

En el nosocomio, los pacientes no solo enfrentan el cáncer. También deben resolver cómo pagar pasajes, estudios, medicamentos y tratamientos. Algunos llegan desde lugares alejados. Ebelia conoce esa realidad. Después de una cirugía recibió recetas que tuvo que comprar por su cuenta. Cuando no encontró un medicamento en farmacias, tuvo que pagar 40 bolivianos por unidad y comprar dos. Son gastos que se acumulan mientras una madre sola intenta alimentar a cuatro hijos y sostener su tratamiento.

“¿De dónde vamos a sacar tanto dinero?”, se pregunta. La situación alcanza a pacientes con otros tipos de cáncer y a quienes necesitan atención en oncohematología. Calle denuncia que varios medicamentos que deberían estar disponibles mediante el Sistema Único de Salud (SUS) no llegan a los hospitales.

 

Según la dirigente, uno de los problemas está en las compras. Las empresas importadoras no siempre se presentan a las licitaciones porque los precios fijados en las convocatorias ya no tienen relación con la realidad. La variación del tipo de cambio y el encarecimiento de los productos importados terminan por trasladarse al paciente. Cuando el sistema público no tiene el medicamento o el insumo, la familia debe buscarlo fuera. Y cuando el precio supera sus posibilidades, aparecen los préstamos, la venta de pertenencias, las rifas y las campañas solidarias.

Calle denuncia que a la falta de medicamentos se agrega que el acelerador lineal del Hospital de Clínicas permanece sin funcionar por falta de mantenimiento.

Además, en el Hospital Alto Sur no operan las áreas de radioterapia y cirugía. A ello se suma la falta de profesionales. Radioterapeutas, físicos médicos e imagenólogos son los especialistas que, según la dirigente, resultan insuficientes para atender la demanda. Algunos profesionales con experiencia dejaron los servicios públicos.

Así, una enfermedad que exige precisión y continuidad encuentra un sistema sin medicamentos, precios que suben, equipos fuera de servicio, falta de especialistas y pacientes que esperan un milagro.

 

En tanto, las autoridades buscan convenios y revisan compras, Ebelia vuelve a sus tejidos. Cada punto representa unos cuantos bolivianos para el pasaje, la comida o un medicamento. Pero ninguno alcanza para comprar los más de Bs 13 mil.

 
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