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El imponente Tunari, un destino turĂ­stico en potencia

Tras las persistentes lluvias que azotaron a los valles cochabambinos, el equipo periodĂ­stico de Los Tiempos emprendiĂ³ el viaje hacia las alturas para constatar lo que desde la ciudad ya se perfilaba como un espectĂ¡culo Ăºnico: nuestro imponente Nevado del Tunari completamente vestido de gala, cubierto por un grueso y denso manto blanco.

Al romper la densa neblina en las zonas altas del parque nacional, el panorama se transformĂ³ en una estampa invernal salida de un cuento de hadas. Lejos de replegarse por la tormenta de nieve y el frĂ­o penetrante, decenas de familias qochalas demostraron que el entusiasmo es mĂ¡s fuerte que el clima.

El lugar, usualmente silencioso, se inundĂ³ de risas, cantos y el crujir de las pisadas sobre el hielo.

Niños, jĂ³venes y adultos poblaron las laderas equipados con abrigos gruesos, guantes y gorros. Los mĂ¡s pequeños, con los rostros chaposos por el frĂ­o, daban rienda suelta a su creatividad moldeando simpĂ¡ticos muñecos de nieve, mientras los jĂ³venes improvisaban un diĂ¡logo ameno, tomĂ¡ndose un trago o cafĂ© caliente. La tormenta, lejos de ser un impedimento, se convirtiĂ³ en el marco perfecto para que los visitantes presenciaran lo maravillosa y caprichosa que es la naturaleza cuando decide transformar la geografĂ­a local.

 

Cada rĂ¡faga de nieve era recibida con asombro por quienes capturaban el momento en fotografĂ­as o simplemente se quedaban contemplando las pequeñas lagunas congeladas y los picos que custodian nuestro valle.

Al caer la tarde, con los pies frĂ­os pero el corazĂ³n tĂ³rrido, el Ă©xodo de retorno comenzaba lentamente. Los visitantes descendĂ­an con una certeza compartida: el esfuerzo del viaje vale la pena cuando se trata de rendir tributo y disfrutar del guardiĂ¡n eterno de Cochabamba, nuestro imponente e inolvidable Tunari.

El turismo: La soluciĂ³n econĂ³mica que las autoridades no quieren ver

Mientras las alcaldĂ­as metropolitanas y la GobernaciĂ³n de Cochabamba se lamentan constantemente por la falta de recursos y los recortes presupuestarios, la gran soluciĂ³n a la crisis duerme frente a sus ojos, vestida de blanco. El imponente Nevado del Tunari demostrĂ³ una vez mĂ¡s su gigantesco potencial para atraer a miles de visitantes, pero sigue operando en el olvido, sin accesos seguros, servicios bĂ¡sicos ni una gestiĂ³n oficial.

Es hora de que las autoridades dejen las quejas de lado y entiendan que el turismo no es un gasto, sino la mayor fuente de ingresos de la era moderna. Institucionalizar el Tunari como un destino turĂ­stico formal e importante dinamizarĂ­a la economĂ­a local a travĂ©s del transporte, el guiado, el hospedaje comunario y el comercio. Activando este motor econĂ³mico, los municipios de la regiĂ³n ganarĂ­an ingresos frescos y sostenibles. Nuestro guardiĂ¡n eterno estĂ¡ listo; solo falta la voluntad polĂ­tica para convertir la nieve en desarrollo.

 
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