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Estudiantes con discapacidad visual y el desafío de la inclusión educativa

Joel Canaviri y Beymar Aguilar saldrán bachilleres este 2026. Ángela está en segundo de secundaria. Los tres estudian en el colegio Mariano Antezana.

Muchas veces, toman el trufi solos y piden ayuda a otros transeúntes como parte de una rutina diaria. Se sientan en los primeros asientos de sus aulas. Son estudiantes con discapacidad visual.

Joel Canaviri y Beymar Aguilar, ambos de 18 años, están en la promoción; saldrán bachilleres este 2026. Mientras tanto, Ángela Guarachi es estudiante de segundo de secundaria. Los tres están en la unidad educativa Mariano Antezana, situada en la zona norte de la ciudad de Cochabamba, un colegio inclusivo dentro del sistema de educación regular.

Aquí, caminan juntos el impulso de cada uno de estos estudiantes, el respaldo de sus familias, la capacidad de los profesores, el respeto de sus compañeros y un sistema educativo que busca cumplir con la inclusión.

Existe normativa vigente que respalda a los estudiantes con discapacidad, como la Ley 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez. La Resolución Ministerial N° 00001/2026 establece en su Artículo 20 que está prohibido rechazar a estudiantes por motivo de discapacidad, dificultades en el aprendizaje, talento extraordinario o trastorno del espectro autista, tanto en el periodo de inscripción como en todo el proceso educativo.

La unidad educativa Mariano Antezana, considerando que tiene tres estudiantes con discapacidad visual, incorpora el sistema Braille. Además de dispositivos tecnológicos como celulares y computadoras, que fortalecen el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Joel relata que llega al colegio desde Sacaba. En algunas ocasiones, se traslada acompañado por sus hermanas y, otras veces, lo hace solo, utilizando transporte público y solicitando apoyo a los transeúntes. Intentó inscribirse en una unidad educativa de su zona, pero cuenta que no fue aceptado, por lo que retornó al colegio Mariano Antezana, cercano al Centro de Rehabilitación para Ciegos Manuela Gandarillas.

“Me doy modos. Tengo que tomar el trufi; a veces, vengo con mis hermanas, que están acá en el colegio. Cuando me voy, tengo que pedir ayuda en la calle para tomar el trufi, para ir a mi casa”.

Él pasa clases utilizando una laptop con el sistema JAWS, tecnología desarrollada para personas con discapacidad visual.

Describe en tono confiado y seguro la manera en la que se apoya en la tecnología. Utiliza un lector de pantalla en el sistema Windows, y memorizó las teclas para su manejo. Biología, Ciencias Sociales y Lenguaje son sus materias preferidas.

Beymar se sienta al lado de Joel, en la primera fila. Beymar, quien tiene baja visión, describe que, pese a las dificultades, es posible continuar estudiando. Afirma que la discapacidad visual no es una barrera para aprender; destaca el respeto que recibe en el colegio. Cuando tiene dudas, solicita apoyo a sus docentes y compañeros.

Se expresa optimista, enfocado en el futuro.

“Es un duro trabajo para nosotros que somos personas con discapacidad visual. Es algo genial que haya personas con discapacidad que pueden salir adelante. Con mi discapacidad no hay fronteras”.

Describe que sus compañeros son respetuosos en el trato.

Entretanto, Ángela, que está en otro curso, asevera que seguir el colegio es positivo para su desarrollo, y afirma desenvolverse adecuadamente en el aula.

Ella también llega sola a clases. Asegura sentirse motivada.

“Me gusta venir (a clases). Me gusta la materia de Música”.

Reconoce inconvenientes y pondera que mantiene una buena relación con sus compañeros y que pide ayuda cuando la necesita.

Sus compañeros de curso expresan admiración y resaltan las cualidades y habilidades de Joel, Beymar y Ángela, como el desenvolvimiento en las exposiciones orales.

El director de la unidad educativa Mariano Antezana, Romer Pita, informa que los profesores reciben capacitación permanente para fortalecer la educación inclusiva. Señala además que el colegio mantiene coordinación con el Centro de Rehabilitación Manuela Gandarillas, donde los estudiantes refuerzan sus conocimientos.

“Nuestros docentes tienen que actualizarse; es un trabajo arduo. Pero, los docentes están capacitados, eso es lo bueno (…). La educación en este colegio es inclusiva”, afirma con orgullo.

La profesora Lizeth Mirones explica que se aplican adaptaciones curriculares y estrategias pedagógicas para garantizar el rendimiento escolar. Los estudiantes utilizan Braille, computadoras y dispositivos con lector de voz, permitiendo un aprendizaje equivalente al del resto del alumnado.

“Nosotros trabajamos también con su centro de apoyo, donde hacen la programación (de la computadora); ellos (los estudiantes) dan una instrucción de manera verbal, y la máquina también devuelve la respuesta a nivel oral (…). Ellos convierten el mismo documento a Word y nos envían al WhatsApp”. Describe así la forma de trabajo entre estudiante y maestra.

Expone satisfecha los resultados, y dice que el rendimiento escolar es “excelente”.

Los estudiantes, que son de secundaria, ya manejan un Braille técnico, los profesores también se capacitan y aprenden el básico.

Por su lado, la directora del Centro de Rehabilitación para Ciegos Manuela Gandarillas, Mariela Zenteno, destaca la importancia del proceso de rehabilitación y recuerda que la Ley 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez garantiza el derecho de los estudiantes con discapacidad a ser incluidos en cualquier unidad educativa.

Exhorta a los docentes a verbalizar todo el contenido escrito en la pizarra para asegurar la igualdad de aprendizaje.

En el Manuela Gandarillas tienen distintas áreas de apoyo para los estudiantes.

“Acá vienen desde pequeñitos; también tenemos el área de Estimulación Temprana. Hay quienes nacen con la discapacidad; entonces, primero tienen que habilitarse (…). Dependiendo cómo va avanzando su estimulación, se los va teniendo hasta los cinco años”, dice Zenteno.

Luego, en el servicio de rehabilitación, a los seis o siete años, cuando los niños con discapacidad visual ya tienen habilidades desarrolladas, van avanzando con otras áreas.

En el centro, los estudiantes tienen apoyo escolar, con la guía para tareas y adaptación de material, entre otros.

Ahí, reciben las herramientas que requieren, desde la orientación para, ayudado por el bastón, recorrer calles para llegar al colegio y a otros lugares, hasta el uso del Braille y la tecnología en el estudio, entre otros.

Si las personas ciegas o con baja visión no se rehabilitan en el centro, es más difícil que puedan asistir a clases.

Los estudiantes con discapacidad visual acceden a dos modalidades de estudio en el centro de rehabilitación: el sistema Braille y el uso de computadoras.

La Resolución Ministerial 0001/2026 enfatiza en el Artículo 63 que los directores de las unidades educativas fiscales, privadas y de convenio deberán garantizar una educación sin discriminación ni racismo, promoviendo una cultura de paz y de buen trato, de conformidad con los mandatos establecidos en la Ley Contra el Racismo y toda forma de Discriminación, Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, Código Niña, Niño y Adolescente y demás normativa aplicable.

“Queda terminantemente prohibido rechazar la inscripción de niñas, niños o adolescentes”, entre otros, con discapacidad.

En el caso de Joel, Beymar y Ángela, su entorno asegura un desarrollo positivo.

 

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