Lixiviados: el riesgo que amenaza desde los botaderos en Cochabamba
La discusión sobre los botaderos y los llamados rellenos sanitarios en Cochabamba suele concentrarse en la acumulación de basura y los conflictos sociales que genera su operación. Sin embargo, detrás de estos espacios existe un problema ambiental de mayor impacto y larga duración, los lixiviados.
Se trata de líquidos altamente contaminantes que se generan por la descomposición de los residuos y que, sin un tratamiento adecuado, terminan afectando ríos, suelos y fuentes de agua subterránea.
El coordinador de la Unidad de Cuencas de la Gobernación de Cochabamba, Oscar Zelada, advierte que muchos de los espacios que funcionan como rellenos sanitarios no cumplen con las condiciones técnicas necesarias.
“En la mayoría de los casos, algunos que los llaman los mal llamados rellenos sanitarios, porque un relleno es como tapar la basura con el tema de la tierra, y lamentablemente es un pasivo ambiental que te va a durar 20 años, 30 años en esa situación”.
El principal foco de preocupación, según Zelada, es el manejo de los lixiviados.
En botaderos ubicados en zonas de ladera, como Cotapachi (donde están los sitios de disposición de basura de Colcapirhua, Quillacollo y una celda de la empresa Tunqui), en el Valle Bajo del departamento, aunque en muchos casos estos líquidos se intentan contener en lagunas, existe un excedente que no logra ser controlado.
Zelada sostiene que “la mayoría de la cantidad de los lixiviados tratan de contener en lagunas, pero existe un excedente que sí va a los ríos”, lo que representa un riesgo directo para los cursos naturales de agua.
Para dimensionar la gravedad del problema, el Coordinador de Cuencas comparó la carga orgánica de los lixiviados con otros tipos de aguas contaminadas. Explica que las aguas residuales domésticas tienen en promedio entre 400 y 500 miligramos por litro de carga orgánica, mientras que las industriales alcanzan entre 1.000 y 1.200 miligramos por litro. En contraste, los lixiviados presentan concentraciones mucho más elevadas. “Estamos entre 15 mil a 20 mil miligramos por litro en carga orgánica”, aseveró.
Esa diferencia convierte a los lixiviados en una fuente de contaminación extrema. Zelada advierte que la filtración hacia un curso natural genera un impacto severo en los ecosistemas acuáticos y en la disponibilidad de agua.
“No hay vida y fundamentalmente es algo que pueda perjudicar el tema de autoabastecimiento”, afirma, refiriéndose a las fuentes de agua cercanas a los botaderos.
El riesgo se extiende a los pozos ubicados en zonas próximas a ríos y botaderos. Según explica, muchas de estas aguas empiezan a infiltrarse y, cuando se contaminan, el daño es irreversible.
“El agua que entra, en el caso de contaminación, es agua que ya no se puede recuperar, y la población, obviamente, es vulnerable ante esta situación”.
En días anteriores, durante una inspección a los botaderos en Cotapachi, los comunarios de la zona denunciaron la afectación a sus pozos de agua, entre otros.
Zelada considera que el tratamiento de lixiviados en Cochabamba es insuficiente y que el enfoque municipal se limita a disponer y cubrir la basura.
“Lamentablemente, en el caso de los rellenos sanitarios, los municipios ven más cómo voy a llevar mi basura y cómo la voy a tapar, pero nadie habla de los lixiviados, que es el mayor problema”.
Ante este escenario, el coordinador plantea la necesidad de aplicar tratamientos especializados y tecnologías actualizadas. Sostiene que existen plantas capaces de tratar lixiviados y devolverlos en condiciones adecuadas, aunque son costosas. Aun así, remarca que su implementación es necesaria, junto con procesos de selección de residuos y una gestión integral de la basura.
Zelada también hace referencia a experiencias internacionales donde los residuos son aprovechados de manera más eficiente, aunque cuestionó la falta de propuestas concretas adaptadas al contexto local.
Durante la inspección de una comisión interinstitucional en Cotapachi, los técnicos y autoridades observaron la falta de un tratamiento adecuado de lixiviados en los distintos botaderos del sector. Las aguas oscuras, al margen de los puntos donde existen geomembranas, también forman charcos y una especie de pozas en algunos sectores.
Conforme a normativa, estos aspectos deben ser contemplados en el marco del cierre técnico de los botaderos, cuyo plazo vence en mayo de 2026.
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