¿Comer despacio adelgaza? La ciencia dice que no es tan simple

El consejo de “comer despacio porque el cerebro tarda en enterarse de que estás lleno” tiene base científica, pero no existe un umbral exacto de 20 minutos que funcione como regla universal.

La sensación de saciedad depende de señales hormonales, principalmente PYY y GLP-1, que aumentan en sangre a medida que comemos hasta alcanzar el punto en que dejamos de sentir hambre. Es un proceso gradual, no inmediato.

¿De dónde sale el mito de los 20 minutos?

La cifra proviene de una fuente clínica de Harvard, pero es solo una aproximación, no un límite biológico fijo. Un estudio con 17 hombres sanos comparó comer en 5 y en 30 minutos, y encontró mayor respuesta hormonal y sensación de plenitud en la comida más lenta. Sin embargo, otro estudio con 25 adultos, que comparó 7, 14 y 28 minutos, no halló diferencias claras en hormonas ni en la ingesta posterior.

¿Comer despacio implica comer menos?

Una revisión de 22 estudios encontró que sí existe asociación entre comer despacio y menor ingesta calórica, aunque con alta variabilidad entre estudios y sin efecto consistente sobre el hambre percibida, incluso 3,5 horas después.

¿Y la digestión?

Es cierto que la digestión comienza en la boca, donde la saliva empieza a descomponer el almidón. Pero eso no significa que masticar poco sobrecargue el trabajo intestinal.

¿Entonces adelgaza o no?

La lógica sugiere que comer más lento ayuda a bajar de peso al generar saciedad antes, pero esto no está respaldado por estudios rigurosos, solo por trabajos observacionales. Cuando se prueba en intervenciones más largas, el efecto se diluye: un programa de 5 semanas con 65 mujeres logró que comieran más despacio, pero la reducción en su ingesta calórica no fue estadísticamente significativa.

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La fruta que neurólogos recomiendan para cuidar el cerebro después de los 50 años

Una fruta que rara vez aparece en las listas de alimentos recomendados para la salud cognitiva podría proteger el cerebro en la mediana edad, según especialistas en neurología citados por la revista Parade. La investigación clínica disponible sugiere además que su consumo habitual podría reducir el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

El deterioro cognitivo que muchas personas empiezan a notar con el envejecimiento —olvidos cotidianos, lentitud para recuperar nombres, fatiga mental en horas activas— tiene un mecanismo biológico identificado: el estrés oxidativo —un proceso por el cual moléculas inestables dañan las células— y la inflamación crónica —una respuesta sostenida del sistema inmune que daña los tejidos con el tiempo— desgastan las conexiones entre neuronas de forma acumulativa. Frente a ese proceso, los especialistas señalan que las decisiones alimentarias constituyen una herramienta concreta de defensa, y que ciertos frutos, por su composición química, ofrecen una ventaja clara sobre otros.

Granada: la recomendación de los especialistas

La fruta en cuestión es la granada. Mill Etienne, médico neurólogo certificado y profesor de neurología en el New York Medical College, advirtió que los adultos mayores de 50 años deberían incorporarla con mucha mayor frecuencia: su concentración de polifenoles —ellagitaninos, antocianinas y taninos— le confiere propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras que otros frutos de consumo habitual no alcanzan en igual medida.

Su consumo, ya sea en forma de semillas o de jugo puro, refuerza los mecanismos vinculados al aprendizaje y a la memoria a corto plazo. Los antioxidantes presentes en el fruto neutralizan los radicales libres antes de que puedan comprometer las membranas celulares en las zonas del cerebro responsables del registro y la recuperación de información.

Granada reduce el riesgo de Alzheimer, según la ciencia

La investigación clínica sobre la granada acumula pruebas en distintas direcciones. En modelos animales, un estudio publicado en el Journal of Neurosciences in Rural Practice demostró que el aceite de semilla de granada redujo significativamente la densidad de placas amiloides —acumulaciones de proteínas tóxicas que dañan progresivamente el tejido cerebral— en el hipocampo —la región central del cerebro para la memoria— y frenó la pérdida de neuronas en ratas con deterioro cognitivo inducido experimentalmente. Investigaciones en Nutrients confirmaron que los polifenoles de la granada atenúan la neurotoxicidad de una proteína tóxica que daña y destruye neuronas, reducen la neuroinflamación —la inflamación crónica del tejido cerebral— y frenan la acumulación anormal de la proteína tau, uno de los marcadores moleculares clave en el avance del Alzheimer.

En el plano clínico, un ensayo  con pacientes con deterioro cognitivo leve demostró que el consumo de aceite de semilla de granada mejoró de forma estadísticamente significativa la cognición global.

 

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Cuál es el verdadero impacto de dormir con la ventana abierta en el organismo

Dormir con la ventana abierta parece una decisión menor, casi instintiva. Pero la ciencia acumulada en los últimos años revela algo que va más allá de la comodidad: el aire que respira una persona mientras duerme afecta de forma medible cuánto descansa, cuánto sueño profundo alcanza y cómo rinde al día siguiente. La respuesta no es la misma y, en muchos casos, el beneficio esperado puede convertirse en su opuesto.

En 2025, una revisión sistemática publicada en Science and Technology for the Built Environment analizó 17 estudios realizados entre 2020 y 2024 y llegó a una conclusión que pone en cuestión los estándares actuales de construcción: los niveles mínimos de ventilación exigidos en viviendas residenciales son insuficientes para garantizar un sueño sin alteraciones. El trabajo fue liderado por Mizuho Akimoto, Xiaojun Fan y Pawel Wargocki, investigadores de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU), y plantea que esas normas deberían al menos duplicarse.

Qué le pasa al cuerpo cuando el aire del dormitorio se vicia

El mecanismo central del problema es el dióxido de carbono (CO2). Cada persona que duerme en una habitación cerrada exhala alrededor de 11 litros de CO2 por hora. Sin ventilación, ese gas se acumula junto con compuestos orgánicos volátiles y otros subproductos de la respiración. Los estudios lo miden como indicador de que el aire dejó de renovarse, no como contaminante en sí mismo.

 

La revisión de 2025 estableció los rangos con más precisión que cualquier trabajo anterior. Por encima de 1.000 partes por millón (ppm) de CO2, la eficiencia del sueño disminuye y el tiempo de vigilia nocturna aumenta. Por encima de 1.300 ppm, el sueño profundo se acorta y los niveles de cortisol (una hormona asociada al estrés) suben de forma medible al despertar. Por encima de 2.600 ppm, el rendimiento cognitivo del día siguiente se ve afectado de manera comprobable.

Un estudio de campo publicado en Building and Environment cuantificó esa diferencia en condiciones reales: en 40 dormitorios monitoreados, la concentración promedio nocturna de CO2 con ventanas cerradas llegó a 2.300 ppm; con ventana abierta, cayó a 904 ppm. Los participantes que durmieron con la ventana abierta registraron noches más largas, menos despertares y mejores resultados en pruebas de concentración a la mañana siguiente.

Cuándo la ventana perjudica

La recomendación de ventilar tiene un límite geográfico y estacional. Según un estudio publicado en Building and Environment y realizado en una ciudad subtropical de alta densidad durante el verano: abrir la ventana aumentó los niveles de PM2.5 (partículas finas con capacidad de penetrar en las vías respiratorias) y redujo la duración de la fase de sueño profundo.

 

La revisión de 2025 sistematizó ese límite: en entornos urbanos con alta contaminación exterior, el beneficio de la ventilación puede neutralizarse, porque la mejora en el CO2 queda compensada por el ingreso de partículas y el incremento del ruido. Para personas con asma, rinitis alérgica o sensibilidad respiratoria, el escenario se agrava: el aire exterior puede cargar alérgenos que fragmentan el sueño.

La paradoja que los estudios no esperaban

Uno de los hallazgos más incómodos de esta línea de investigación tiene que ver con la percepción subjetiva. Un estudio publicado en Science and Technology for the Built Environment en 2021 registró una contradicción: los participantes que durmieron con la ventana abierta roncaron menos y se despertaron menos veces según los instrumentos, pero en sus propias evaluaciones reportaron sentirse menos descansados y con peor estado mental.

La causa probable fue el ruido exterior. Esa paradoja tiene implicaciones prácticas directas: la sensación de haber dormido mal puede llevar a cerrar la ventana en noches siguientes, cuando el problema no era la ventilación, sino el sonido. Separar ambas variables es uno de los desafíos que los propios investigadores identifican como pendiente.

 

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Cómo recuperar el sueño perdido de la manera correcta

Todos hemos pasado por eso: despertarnos con los ojos legañosos después de una mala noche, sintiéndonos agotados. “No pasa nada”, nos decimos. “Ya me recuperaré el fin de semana”.

Tan solo dos horas de sueño extra pueden ayudar a revertir los efectos de una mala noche. Sin embargo, conviene tener cuidado al acostarse temprano y levantarse tarde.

Todos hemos pasado por eso: despertarnos con los ojos legañosos después de una mala noche, sintiéndonos agotados. “No pasa nada”, nos decimos. “Ya me recuperaré el fin de semana”.

Para algunos, esta experiencia es algo puntual. Para otros, es una forma de vida. Una encuesta realizada a casi 8000 adultos estadounidenses reveló que casi la mitad dormía hasta tarde los fines de semana . Como era de esperar, los adolescentes parecen ser los que más duermen los fines de semana .

Dormir un poco más puede resultar especialmente tentador para quienes no descansan lo suficiente durante la semana. Generalmente, se recomienda a los adultos dormir entre siete y nueve horas , mientras que se cree que la mayoría de los adolescentes necesitan entre ocho y diez. Sin embargo, esto no siempre es posible.

Lo que nos lleva a la pregunta del millón: si no duermes lo suficiente entre semana, ¿deberías dormir hasta tarde el fin de semana? Y si lo haces, ¿puede esto mitigar los efectos de la falta de sueño?

EL RIESGO DE QUEDARSE DORMIDO

Para comprender por qué dormir hasta tarde puede tener desventajas, conviene analizar los dos procesos principales que regulan el sueño.

El primero, el homeostato del sueño , es como un “tanque de sueño”. Cuanto más tiempo estamos despiertos, más se llena con la presión del sueño, y más sentimos la necesidad de acostarnos y dormir. El segundo, nuestro ritmo circadiano, se ajusta cada día por nuestra exposición a la luz y la oscuridad, los cambios de temperatura e incluso cuando comemos o nos movemos. Estos factores trabajan juntos para que sintamos sueño, idealmente a la hora adecuada cada noche. (Para saber más sobre cómo regular tu ritmo puede ayudarte a dormir mejor, consulta mi curso en línea ” Cómo dormir mejor” , que se lanza el 21 de septiembre de 2026).

Recuperar el sueño perdido puede desajustar tanto nuestro homeostasis del sueño como nuestro reloj biológico. Esto ocurre tanto si te acuestas más temprano como si duermes hasta tarde. Como dormir más por la mañana reduce la necesidad de dormir más tarde, es posible que no nos sintamos cansados hasta la noche. Y dado que no solo dormimos a una hora diferente, sino que también hacemos todo lo demás a una hora diferente —incluida la exposición a la luz—, esto también puede afectar nuestro ritmo circadiano.

¿El resultado? Podríamos levantarnos tarde el domingo por la mañana y volvernos a dormir tarde el domingo por la noche, de modo que cuando suene la alarma a las 6:00 del lunes, no habremos dormido lo suficiente, y el ciclo se repetirá. “Es como cambiar de zona horaria cada semana”, afirma Melynda Casement, psicóloga del sueño y directora del Laboratorio del Sueño de la Universidad de Oregón.

Sin embargo, aunque recuperar el sueño perdido debe hacerse con precaución, no siempre es una mala idea. Aquí te explicamos cuándo podría ser útil descansar un poco más.

BENEFICIOS DEL SUEÑO REPARADOR

Aún se está investigando cómo la falta de sueño afecta nuestra salud y función cognitiva. Sin embargo, en experimentos de restricción del sueño cuidadosamente controlados, se ha demostrado que una noche especialmente mala afecta nuestra fisiología. Y al menos algunas de estas consecuencias pueden mitigarse, si no revertirse, con un descanso reparador.

En un estudio, por ejemplo, las personas que durmieron solo dos horas durante una noche mostraron recuentos más altos de dos tipos de glóbulos blancos , lo que podría indicar una respuesta de estrés fisiológico. A algunos participantes se les permitió dormir ocho horas la noche siguiente. Pero incluso después de esto, sus recuentos de glóbulos blancos no se habían recuperado por completo. Sin embargo, los participantes a quienes se les permitió dormir hasta 10 horas al día siguiente presentaron niveles que casi habían vuelto a los valores iniciales.

Otro experimento estudió qué sucedió cuando a 11 hombres que normalmente dormían ocho horas por noche se les limitó el sueño a cuatro. Seis noches de sueño insuficiente fueron suficientes para afectar la eliminación de glucosa y la respuesta a la insulina . Si se mantienen a largo plazo, estos cambios fisiológicos pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Sin embargo, tras seis noches más con la oportunidad de dormir 12 horas, sus valores volvieron a los niveles iniciales.

Otros experimentos han demostrado que dormir un poco más después de pasar la noche en vela puede restaurar nuestro rendimiento cognitivo .

Nada de esto significa que dormir hasta tarde el fin de semana (o acostarse temprano) contrarreste todos los efectos de la falta de sueño, especialmente cuando la privación de sueño se prolonga durante semanas o meses. La atención plena (nuestra capacidad para mantenernos concentrados y responder con rapidez) y la orientación espacial parecen ser particularmente vulnerables. En estos casos, ni siquiera el sueño recuperado del fin de semana puede revertir por completo los efectos de la falta de sueño entre semana.

También están las siestas. Estas pueden ser beneficiosas para quienes tienen poco sueño. Sin embargo, suelen estudiarse por separado del sueño reparador nocturno.

 

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El azúcar escondida: ¿cuánto consumimos sin darnos cuenta?

Esta mirada de prevención también forma parte de la filosofía de cuidado que Unifranz busca incorporar en la formación profesional de sus estudiantes del área de salud. 

El azúcar no siempre llega a la mesa en forma de cucharaditas. También puede estar en un yogur con frutas, un cereal para el desayuno, una salsa o una bebida que parece saludable. El problema es que, cuando aparece bajo distintos nombres y en productos que no identificamos como azucarados, resulta más difícil saber cuánto estamos consumiendo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir los azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica diaria y señala que disminuirlos hasta el 5% puede aportar beneficios adicionales. Para una persona con una dieta de 2.000 calorías, el 10% equivale aproximadamente a 50 gramos diarios.

En América Latina, el problema adquiere otra dimensión. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) identifica a las bebidas azucaradas como uno de los principales factores asociados al aumento del sobrepeso, la obesidad y enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

El azúcar que no aparece como “azúcar”

Una de las dificultades para controlar el consumo está en las etiquetas. El ingrediente puede aparecer como sacarosa, fructosa, dextrosa, maltosa, jarabe de glucosa o jarabe de maíz. Para el consumidor, reconocer estas denominaciones no siempre es sencillo.

“Es importante que las personas aprendan a identificar los diferentes nombres del azúcar en las etiquetas. Términos como dextrosa, fructosa o jarabe de glucosa no son familiares para la mayoría de los consumidores, pero representan formas de azúcar añadida que pueden elevar significativamente su consumo diario”, explica Magaly Bishop, dietista, especialista en nutrición clínica y docente de Medicina de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).

El problema aparece especialmente en productos asociados con una alimentación saludable. Según Bishop, los yogures con frutas pueden aportar entre 12 y 18 gramos de azúcar por porción, mientras que los cereales para el desayuno rondan los 15 gramos en apenas 30 gramos de producto. Una lata de refresco puede contener hasta 35 gramos.

“Muchas personas creen que los yogures con frutas o los cereales integrales son opciones ideales, pero suelen estar cargados de azúcares añadidos para mejorar su sabor. Este tipo de engaños contribuye al exceso de azúcar en la dieta diaria de manera silenciosa”, advierte la especialista.

No significa que todos estos alimentos deban desaparecer de la dieta. El desafío está en conocer su composición, comparar alternativas y observar las cantidades que se consumen.

Un problema que se acumula

El consumo excesivo de azúcar está relacionado con diferentes problemas de salud. La OMS vincula una ingesta elevada de azúcares libres con un mayor riesgo de aumento de peso y caries dental, mientras que la OPS señala la relación de las bebidas azucaradas con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Bishop explica que los efectos no necesariamente aparecen de inmediato:

“El azúcar tiene un impacto multifacético en la salud. Por un lado, contribuye al aumento de peso, pero también está vinculado a la resistencia a la insulina, que puede desencadenar diabetes tipo 2”.

La cantidad también importa. Una persona puede no consumir grandes cantidades de dulces, pero sumar azúcar a lo largo del día mediante bebidas, desayunos, salsas, aderezos y productos procesados.

“Adoptar hábitos de alimentación conscientes no significa eliminar por completo el azúcar de la dieta, sino aprender a moderarlo. Cocinar en casa, optar por frutas frescas en lugar de jugos azucarados y revisar siempre las etiquetas son pasos pequeños pero significativos para mejorar nuestra salud”, señala Bishop.

Prevenir antes que tratar

Esta mirada de prevención también forma parte de la filosofía de cuidado que Unifranz busca incorporar en la formación profesional de sus estudiantes del área de salud. La alimentación, la identificación de factores de riesgo y la educación sanitaria son entendidas como herramientas que pueden contribuir a evitar que problemas prevenibles terminen convirtiéndose en enfermedades.

La docente de Medicina Marie Paulette Étienne Morales resume esa perspectiva: “No se trata de eliminar completamente el azúcar de la dieta, sino de aprender a moderarlo y a tomar decisiones más informadas”. Entre las medidas que recomienda menciona cocinar en casa, preferir frutas frescas y revisar las etiquetas.

La prevención también requiere información comprensible. “La industria alimentaria tiene un papel fundamental en esta lucha. Es necesario que haya más regulaciones que limiten el uso de azúcares añadidos en los productos procesados y que las etiquetas sean más claras y directas”, plantea Bishop.

En este escenario, el desafío no es declarar una guerra contra el azúcar, sino aprender a reconocerla, cuantificarla y moderarla. La calidad académica en la formación de los profesionales de salud también implica prepararlos para educar a la población y promover decisiones preventivas.

Porque el azúcar más difícil de controlar no siempre es el que añadimos conscientemente al café. Muchas veces es el que ya estaba allí, escondido en aquello que compramos pensando que era una opción saludable.

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Claves para crear la foto más realista de cómo me vería en los años 80 con IA

Convertir una fotografía actual en un retrato con estética de los años 80 se convirtió en una de las tendencias más populares dentro de las herramientas de inteligencia artificial generativa. Tanto ChatGPT como Gemini permiten modificar vestuario, peinado, maquillaje, entorno e iluminación de una imagen sin alterar los rasgos físicos de la persona que aparece en ella.

El resultado es un retrato con colores intensos, grano analógico y peinados con volumen, propios de aquella década, que muchos usuarios comparten en redes sociales tras aclarar que se trata de una edición hecha con IA.

Cómo elegir la foto base para un retrato retro con IA

El primer paso consiste en seleccionar una imagen de partida adecuada. Conviene usar una fotografía donde el rostro se vea con claridad, con luz suficiente, buena resolución y pocos filtros aplicados.

Estas condiciones permiten que el sistema reconozca mejor los rasgos faciales, el tono de piel y la estructura del rostro. Una imagen borrosa, tomada desde lejos o muy oscura puede provocar que la herramienta modifique detalles importantes de la persona.

La pose también incide en el resultado final. Una foto frontal o ligeramente lateral facilita que la inteligencia artificial conserve la posición original mientras transforma el resto de la escena.

Cuando en la fotografía aparece más de una persona, la instrucción debe especificar quién debe mantenerse igual y si la edición se aplicará a todos los integrantes de la imagen. Una vez elegida la foto, el usuario debe cargarla dentro de una conversación con ChatGPT o mediante la función de edición de imágenes disponible en la plataforma.

Qué debe incluir el prompt para respetar la identidad facial

La instrucción tiene que pedir de forma explícita que el modelo conserve la identidad de la persona. Este punto resulta central porque la edición puede cambiar el peinado, la ropa y la iluminación, pero no debería convertir al sujeto en alguien distinto. El prompt, además, debe evitar referencias directas a personas reales, marcas o fotografías específicas.

Una base posible para comenzar es la siguiente instrucción: “Transforma esta fotografía para que parezca una imagen tomada a mediados de los años 80. Mantén exactamente la identidad de la persona, sus rasgos faciales, estructura del rostro, tono de piel y características físicas. No cambies su apariencia facial ni la conviertas en otra persona. Cambia únicamente el vestuario, peinado, maquillaje, accesorios y entorno para que correspondan con la estética de esa década”.

A partir de esa base se pueden sumar detalles concretos, como una chaqueta vaquera, hombreras, pendientes grandes, cabello con volumen, maquillaje con sombras intensas, luces de neón o un fondo de estudio con tonos rosa, azul y violeta, según el estilo que se quiera lograr con ChatGPT.

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Qué celulares Android y iPhone quedarán sin la aplicación de Netflix – Copy

Apple presentó el iPhone 18 Pro y el iPhone 18 Pro Max, los modelos que incorporan el sistema de cámara profesional más avanzado creado por la compañía hasta el momento. Los equipos incluyen una cámara principal Fusion de 48 MP con apertura variable, el chip A20 Pro fabricado con tecnología de 2 nanómetros y una nueva cámara de vapor que mejora el rendimiento sostenido.

La diferencia principal entre ambos modelos radica en la duración de batería: mientras el iPhone 18 Pro alcanza hasta 36 horas de reproducción de video, el iPhone 18 Pro Max llega hasta 45 horas, el mayor incremento visto en la historia del iPhone.

Diferencias clave entre

iPhone 18 Pro y iPhone 18 Pro Max

La distinción más relevante entre ambos dispositivos aparece en la autonomía. El iPhone 18 Pro Max ofrece el mayor salto en duración de batería registrado en un iPhone, resultado de avances en el silicio de Apple combinados con una batería de mayor tamaño física.

 

En términos concretos, los modelos solo con eSIM alcanzan hasta 36 horas de reproducción de video en el iPhone 18 Pro, cifra que se extiende hasta 45 horas en la versión Pro Max.

Esta diferencia se explica en parte porque los modelos sin ranura para SIM física aprovechan ese espacio interno para instalar una batería más grande, lo que suma dos horas adicionales de reproducción respecto a las versiones con SIM tradicional.

La velocidad de carga también presenta matices entre ambos equipos. El iPhone 18 Pro se carga hasta el 50% en unos 15 minutos mediante cable, o en 30 minutos de forma inalámbrica. El iPhone 18 Pro Max, en cambio, ofrece un rendimiento distinto en cargas breves: cinco minutos conectado al cargador proporcionan alrededor de siete horas de reproducción de video.

Apple incorporó además un nuevo modelo de estimación de batería basado en datos de uso real, que en el caso del iPhone 18 Pro Max proyecta hasta 30 horas de uso con una carga completa. Fuera de estas variaciones en autonomía y carga, ambos modelos comparten idéntico procesador, sistema de cámaras, pantalla Dynamic Island rediseñada y el resto de funciones de software.

 

Cámara Fusion de 48 MP

con apertura variable

El sistema de cámaras constituye el eje central de esta generación. La nueva cámara principal Fusion de 48 megapíxeles introduce por primera vez en un iPhone el control de apertura variable, con seis láminas cortadas con láser que permiten transiciones fluidas entre distintas configuraciones de apertura.

Esta tecnología ajusta de forma automática la profundidad de campo y la iluminación para facilitar la mejor toma posible, aunque también habilita el control manual: los usuarios pueden fijar cualquiera de las cuatro configuraciones de apertura disponibles desde la app Cámara. Los desarrolladores, por su parte, acceden a una API que permite manejar todo el rango de apertura dentro de sus propias aplicaciones.

 

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Qué celulares Android y iPhone quedarán sin la aplicación de Netflix

Netflix dejará de funcionar en una amplia gama de celulares antiguos desde el 10 de septiembre de 2026. La medida alcanzará a teléfonos Android y iPhone que no pueden instalar versiones recientes de sus sistemas operativos.

Quienes utilicen teléfonos sin soporte dejarán de poder abrir, instalar o actualizar la aplicación. La restricción afectará el acceso a funciones nuevas de Netflix, así que los usuarios deberán recurrir a dispositivos compatibles, como celulares más recientes, computadoras, consolas o televisores inteligentes.

Qué celulares Android y iPhone quedarán sin la aplicación de Netflix

La aplicación dejará de estar disponible en teléfonos Android comercializados entre 2011 y 2014 que ya no admiten actualizaciones recientes del sistema operativo. Entre los modelos mencionados figuran el Samsung Galaxy S3, Galaxy Note 2, Galaxy Grand Prime, LG Optimus L5, Optimus L7, LG G2 y varios modelos de Sony. La lista incluye los Sony Xperia Z, Xperia Z1 y Xperia E3.

 

A su vez, la medida alcanzará a los iPhone que no pueden instalar iOS 18.0 o una versión posterior. En ese grupo aparecen el iPhone X, iPhone 8, iPhone 8 Plus, iPhone 7, iPhone 7 Plus, iPhone 6s, iPhone 6s Plus y el iPhone SE de primera generación.

Además, perderán acceso a todos los modelos previos de la marca. A partir de la fecha prevista, la aplicación dejará de funcionar en esos teléfonos y no recibirá actualizaciones. Esto impide el ingreso al catálogo, la reproducción de series y películas, la descarga de contenidos y el uso de herramientas asociadas a la cuenta.

Por qué dejará el soporte

La decisión está vinculada con la necesidad de mantener estándares de seguridad y compatibilidad técnica. Los celulares que no reciben actualizaciones del sistema operativo tampoco incorporan parches que corrigen fallas conocidas, así que quedan expuestos a vulnerabilidades que pueden afectar los datos almacenados en el dispositivo.

Asimismo, las versiones recientes de Netflix requieren recursos y funciones que los modelos antiguos no ofrecen. La plataforma incorpora cambios en sus sistemas de reproducción, protección de contenidos y autenticación.

Cuando un celular queda fuera del ciclo de actualizaciones de Android o iOS, se vuelve más difícil garantizar el funcionamiento de esas herramientas.

Cómo comprobar si el celular seguirá siendo compatible con Netflix

En Android, la verificación se realiza desde el menú de Configuración o Ajustes. Allí se debe buscar la sección “Acerca del teléfono” y luego “Información del software”. Esa pantalla muestra la versión de Android instalada y, en muchos casos, la fecha del último parche de seguridad disponible.

 

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Cómo activar la alerta sísmica en Android de Google y iPhone

El reciente sismo que afectó a Colombia ayer lunes volvió a poner en evidencia la importancia de contar con mecanismos de alerta temprana que ayude a salvar vidas. Una opción son los teléfonos inteligentes Android y iPhone, que cuentan con funciones de alerta capaces de advertir a la población momentos antes de que las ondas sísmicas más destructivas se perciban con fuerza.

Cómo activar en Android

Los teléfonos Android cuentan de manera nativa con el Sistema de Alertas de sismos de Google. Este mecanismo utiliza los acelerómetros presentes en los celulares para detectar los primeros movimientos de la tierra.

Cuando múltiples dispositivos en una misma zona perciben vibraciones, características de un sismo, el servidor central procesa la información en milisegundos y despacha una alerta masiva a los usuarios cercanos. Para garantizar que esta función se encuentre habilitada en Android, es necesario seguir estos pasos:

1.- Ingresar a la aplicación de Ajustes o Configuración del dispositivo.

2.- Seleccionar el apartado de Seguridad y emergencia (en algunos modelos esta opción puede ubicarse bajo la pestaña de Ubicación o Servicios de localización).

3.- Buscar y seleccionar la opción Alertas de sismos.

4.- Verificar que el interruptor principal esté activado

Es indispensable tener habilitados los servicios de localización (GPS) y contar con una conexión activa a internet o datos móviles, porque la ubicación geográfica determina qué usuarios deben recibir el aviso de impacto.

De qué forma activar las alertas sísmicas en iPhone

Cómo activar en iPhone

Permite activar alertas sísmicas a través de una función llamada Alertas de seguridad mejoradas, disponible en algunos países con iOS 26.2 o versiones posteriores.

 

Según Apple, estas alertas “pueden proporcionar avisos de seguridad complementarios para situaciones de emergencia, como sismos o inundaciones, según la información proporcionada por los emisores de las alertas”.

Para ajustarlas, hay que ingresar a Configuración, luego a Notificaciones y, al final de la pantalla, seleccionar Alertas de seguridad mejoradas.

Si esa opción no aparece, significa que Apple aún no habilitó la función en el país donde se usa el dispositivo. En varios países de Latinoamérica existe un sistema de alerta gubernamental propio: las autoridades detectan sismos y envían mensajes directamente a los celulares.

Según Apple, esas alertas están activadas por defecto en el dispositivo y, al recibirlas, el teléfono emite un sonido similar al de una alarma. En algunos países o regiones no es posible desactivarlas.

 

Por otro lado, la app Clima de Apple puede enviar notificaciones cuando hay una alerta meteorológica en la ubicación del usuario o en cualquier lugar guardado dentro de la aplicación: tormentas, inundaciones, huracanes, olas de calor y tornados, entre otros fenómenos.

 

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China da un giro y pide a sus robots que trabajen, no bailen

En Pekín, los robots todavía bailan, boxean y juegan al ping-pong para atraer las miradas. Pero el verdadero desafío ya no está en el espectáculo, sino en conseguir que doblen una camisa, manipulen objetos o trabajen de forma fiable en una fábrica.

Ese cambio de prioridades marca la Conferencia Mundial de Robots 2026, inaugurada este miércoles en la capital china. La industria robótica del país busca demostrar que sus máquinas pueden dar el salto de las exhibiciones llamativas a tareas concretas en fábricas, comercios y hogares.

Durante los cinco días del evento, los organizadores aseguran que se exhibirán alrededor de 3.000 productos. Más de 300 empresas participan en una cita en la que abundan las máquinas que clasifican y trasladan paquetes, embolsan productos, doblan ropa o recogen basura. A pesar del nombre de la conferencia, no había señales de que otros países estuvieran exponiendo.

Robots humanoides, más allá del espectáculo

El espectáculo, sin embargo, sigue funcionando como escaparate. Unitree, uno de los principales fabricantes de robots humanoides de China, fue una de las grandes atracciones de la jornada. Mientras sus máquinas captaban la atención del público, la compañía protagonizaba otro acontecimiento a varios kilómetros de Pekín. Su debut bursátil en Shanghái hizo que sus acciones alcanzaran casi seis veces su precio inicial, reflejo del creciente entusiasmo de los inversores por el sector.

Ese entusiasmo convive con las dificultades para convertir las demostraciones en productos capaces de trabajar a gran escala. La propia Unitree ha advertido que la comercialización masiva podría demorarse porque las manos robóticas todavía no tienen suficiente precisión ni resistencia.

Precisamente las manos se han convertido en uno de los principales retos de la industria. Numerosos estands exhiben dedos, pulgares, ganchos y pinzas diseñados para agarrar objetos, pulsar botones y manipular piezas de diferentes formas y texturas. El objetivo es alcanzar la precisión necesaria para que los humanoides puedan desenvolverse de forma fiable en entornos de trabajo.

De la exhibición a las fábricas

Aun con esas limitaciones, las compañías buscan demostrar que algunas aplicaciones ya empiezan a salir del terreno experimental. UBTECH llevó a la conferencia varios modelos industriales que trasladaban componentes como podrían hacerlo en una planta de producción. Robotera presentó un torso de robot humanoide destinado a clasificar paquetes y DexForce exhibió máquinas capaces de empaquetar teléfonos móviles en cajas.

La logística aparece, por ahora, como uno de los ámbitos más avanzados. Leju, fabricante de humanoides industriales, aseguró que sus robots ya se utilizan en fábricas europeas y plantas automovilísticas chinas para mover cajas y cargar pequeños componentes. Según la compañía, esas máquinas han alcanzado un nivel de eficiencia equivalente al de un trabajador humano.

Las posibles aplicaciones, no obstante, van más allá de las fábricas. UBTECH mostró robots educativos capaces de impartir clases de inglés y supervisar exámenes en centros universitarios. Entre los modelos que más atención despertaron también había humanoides con rostros de apariencia realista, promocionados para ofrecer atención emocional.

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