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Tras cuatro días: la guerra se extiende por Oriente Próximo

En cuatro días que parecen cuatro meses, la guerra en Oriente Próximo sigue implicando cada vez a más países, mientras crecen los bombardeos contra objetivos civiles y se extiende el caos.

Ayer, en el que los muertos en Irán han superado los 787, dos drones iraníes causaron un pequeño incendio en la Embajada de Estados Unidos en la capital saudí, Riad, y otro alcanzó un depósito de combustible en el puerto comercial Duqm de Omán.

Teherán (que antes de que Israel y EE UU iniciasen su campaña bélica,  aseguró que limitaría su respuesta al Estado judío y a las bases militares estadounidenses) apunta a los países árabes del Golfo -con menor capacidad de defensa aérea a medio plazo- para que empujen a Washington hacia un alto el fuego.

Nada, de momento, parece ir en esa dirección.

 

Donald Trump insistió este martes en la necesidad de acabar con la “malvada ideología” del régimen iraní, dado que ningún presidente de Estados Unidos se había “atrevido” en los “47 años anteriores”, dijo Trump en el Despacho Oval, donde recibió al canciller alemán Friedrich Merz.

Era su tercera visita a Washington, y el anfitrión la aprovechó para atacar a España -”un aliado terrible”, dijo- por su negativa a ceder las bases de Rota y Morón para la guerra de Irán y amenazó con “cortar todas las relaciones comerciales”.

Durante la jornada también trató, junto a su Administración, de darle la vuelta a las palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, que el lunes declaró que Estados Unidos saltó porque Israel estaba a punto de atacar a Irán, y que, en una reacción en cadena, Teherán estaba dispuesto a tomar represalias contra las fuerzas estadounidenses.

La versión de Trump fue ayer  la contraria: que Irán estaba a punto de atacar a Israel, y que por eso él tomó la decisión de ir a la guerra.

 

“Estábamos negociando con estos lunáticos”, afirmó, sobre el régimen de los ayatolás “y yo creía que iban a atacar”, dijo, antes de negar que se hubiera visto arrastrado por el primer ministro, Benjamín Netanyahu.

“En todo caso, fui yo el que obligué a Israel”.

En la práctica, se trata de un nuevo casus belli, que se suma a los anteriores: forzar un cambio de régimen, acabar con el programa nuclear iraní o terminar con sus misiles balísticos.

Según el diario The Wall Street Journal, Trump se plantea apoyar a grupos dentro de Irán para que tomen las armas.

 

En su comparecencia en la Casa Blanca, al presidente de Estados Unidos le preguntaron quién le gustaría que tomara el control de Irán, y respondió: “La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas.

Ahora tenemos otro grupo, y según los informes, también podrían estar muertos.

Así que se avecina una tercera ola.

Pronto no conoceremos a nadie”.

 

Trump también se puso, a petición de una reportera, en el “peor escenario”: sería, dijo, que “lograra el poder alguien tan malo como el anterior”.

“O que en cinco años nos diéramos cuenta de que pusimos al mando a alguien que no es mejor”, añadió.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, insistió por su parte en su primera entrevista desde que inició las hostilidades conjuntas con Estados Unidos que la guerra será una “acción rápida y decisiva” y tumbará al régimen de los ayatolás.

“Llevará un tiempo”, pero no años, ni degenerará en otra “guerra interminable”, señaló a la cadena Fox News.

 

Netanyahu insistió además en que el 95% de los problemas de Oriente Próximo tiene su origen en el régimen nacido de la Revolución Islámica de 1979, por lo que su fin “cambiaría el mundo” y allanaría el camino para que muchos otros países árabes y musulmanes de la región acabasen reconociendo a Israel.

Tras cuatro días de afirmaciones contradictorias y de desmentidos sobre una eventual reanudación del diálogo entre Estados Unidos e Irán, Trump y Netanyahu han subrayado este martes su objetivo. El primero, al escribir que ya es “demasiado tarde” para negociar.

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