La universidad pública de La Paz guarda un pedazo de la Luna
Tras la misión Artemis II, a la Luna, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de La Paz, recordó que resguarda un fragmento de suelo lunar traído por los astronautas del Apolo 17 en 1972, lo que representa un aporte científico de Bolivia a aquel acontecimiento.
Según esta casa de estudios superiores, en diciembre de 1972 la misión espacial llevó banderas de distintos países hasta la Luna y, a su retorno, la Administraci{on Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) entregó a cada nación su bandera y un pequeño fragmento de suelo lunar como recuerdo de ese hito para la humanidad.
En Bolivia, este material llegó en 1973 y fue recibido por el entonces presidente Hugo Banzer, quien dispuso su entrega a la UMSA, institución que desde entonces lo conserva como parte de su patrimonio científico.
“A cada país le dan su bandera que llegó a la Luna, más un pedacito de la Luna. Es muy pequeñito, pero el que tenemos se ve grande porque está encapsulado en un acrílico que, por su geometría, aumenta mucho su tamaño”, explicó Rubbert Muñoz, técnico del Observatorio Astronómico y Planetario Max Schreier de la UMSA.
Por su parte, Mirko Raljevic, director del Observatorio y Planetario de la carrera de Física, destacó el valor simbólico de este fragmento. “La Luna es el espacio para todos, tiene que ser un símbolo de paz. En ese compartir, todos tenemos que sentirnos parte de este esfuerzo”, señaló.
Aporte de Bolivia
Antes de que el ser humano pisara la Luna, Bolivia ya contribuía a ese desafío científico desde el Observatorio de Chacaltaya, ubicado a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, recordó la UMSA a propósito del viaje de 10 días de Artemis, que regresó a la Tierra el 10 de abril.
En 1967, por encargo del Servicio Geológico de Estados Unidos, se instaló un telescopio en este punto estratégico para observar regiones específicas del cielo relacionadas con los denominados puntos de Lagrange, zonas donde podía concentrarse material capaz de interferir con las trayectorias de las naves espaciales.
Durante siete meses se realizaron registros fotográficos que permitieron descartar la presencia de elementos que representaran un riesgo para las misiones Apolo.
“Se tomaron muchas imágenes que demostraron que no había materiales que pusieran en peligro el trayecto del Apolo. Es decir, Bolivia ayudó a través de la UMSA”, señaló Muñoz.
Actualmente, la UMSA continúa impulsando la investigación astronómica a través de sus observatorios y el Planetario Max Schreier, además de promover la divulgación científica mediante exposiciones abiertas al público, donde se exhiben instrumentos históricos, meteoritos y, en ocasiones especiales, el fragmento lunar que se conserva como una verdadera “joya”, en las instalaciones de la Universidad Mayor de San Andrés.
Así, mientras la humanidad se prepara para volver a pisar la Luna, en La Paz, la UMSA recuerda que Bolivia ya formó parte de ese viaje y que su aporte científico sigue vigente en la exploración del universo.
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