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Chernóbil, a 40 años del desastre nuclear y tras recientes ataques de drones rusos

El 26 de abril del año 1986, una nube radiactiva de mil metros de altura se elevó por toda la ciudad soviética de Prípiat, en la actual Ucrania. Era una columna de gases que emanaba de la central nuclear de Chernóbil, a unos tres kilómetros, y se extendió por toda Europa para provocar lo que supondría la mayor catástrofe nuclear hasta la fecha.

40 años después, la central de Chernóbil continúa contaminada, sin generar electricidad, pero activa en las tareas de seguridad y desintoxicación, y se ha convertido en una zona de trinchera dentro del conflicto armado entre Rusia y Ucrania. El pasado 14 de febrero de 2025, un dron ruso impactó contra el sarcófago de protección del reactor. Un ataque que, a pesar de no causar fugas ni un aumento de la radiación, replantea los riesgos que supone la actividad nuclear en tiempos de guerra.

40 años atrás: una catástrofe con muchas incógnitas

Oleksandr Zagorodny fue uno de los trabajadores que viajó a Chernóbil meses después de la explosión para minimizar las consecuencias del desastre. Cuando es preguntado por cómo se siente al recordar esas semanas, no sabe qué decir: “Han pasado muchos años. Sí que recuerdo estar junto a mis compañeros y reír. Nadie sabía que fuera tan peligroso. No nos informaron de los riesgos”.

El accidente de Chernóbil comenzó durante una prueba de seguridad del reactor nuclear 4 de la central, un procedimiento que simulaba un corte de energía eléctrica que mantenía la circulación del agua de enfriamiento del reactor hasta que los generadores de respaldo suministrasen energía eléctrica. Esa noche era el cuarto intento de esta prueba, en la que un sobrecalentamiento descontrolado del núcleo del reactor llevó a la explosión que voló la tapa del reactor y liberó grandes cantidades de materiales radiactivos. La nube estaba compuesta por una mezcla compleja de gases y partículas en suspensión, principalmente por yodo, estroncio, plutonio y grafito radiactivo. Se estimó que la radiación fue 500 veces mayor a la que estuvo expuesta la ciudad de Hiroshima 40 años antes en la bomba arrojada por EEUU.

El diseño de los reactores de Chernóbil, y de la gran mayoría de los que se construyeron en la Unión Soviética, eran del tipo RBMK. Según el Foro Nuclear, este diseño nunca hubiese sido autorizado en los países occidentales.

Los gases tóxicos se extendieron por toda Europa durante semanas, llegando a abarcar hasta 162.000 km² por toda Europa. Cabe señalar que la contaminación de Chernóbil no se expandió de forma uniforme, sino que las condiciones meteorológicas la movieron hacia el noroeste. Según el informe de Las consecuencias en la salud humana de Chernóbil de Greenpeace, Bielorrusia fue el territorio más contaminado, ya que el 70% del total de la lluvia cayó allí al ser fronterizo con la central. En Ucrania, la parte afectada representaba un 7,25% de su territorio. En el caso de Rusia, un 0,6%. En el momento del desastre, unos 7 millones de personas vivían en las zonas contaminadas.

Tras el accidente, el Gobierno de la Unión Soviética evacuó aproximadamente a 130.000 personas de sus hogares, incluyendo a los 50.000 habitantes de la ciudad de Prípiat, e inició un proceso de desintoxicación y limpieza alrededor de los 30 kilómetros alrededor de la central de Chernóbil. Para ello, convocó a los que pasaron a la historia como “liquidadores”: militares, bomberos, mineros y civiles cuya misión era contener la radiación.

Oleksandr Zagorodny fue uno de esos liquidadores. Antes del accidente, Oleksandr trabajaba en la central de Pivdennoukrainsk, una ciudad al suroeste de Ucrania fundada para los empleados de la central, algo habitual en la Unión Soviética: “Nos avisaron a 30 personas de nuestra empresa para colaborar con la desintoxicación o si no nos mandaban al Ejército”.

Su labor era la de transportar a los bomberos al reactor 4. Explica que para el pueblo ucraniano, los “liquidadores” engloban a todas las personas que colaboraron de alguna forma en mitigar el desastre: “Choferes, albañiles, carpinteros, cocineros, tractoristas… todos eran liquidadores, porque todos éramos un equipo”. En total, se calcula que unas 600.000 personas trabajaron para paliar la catástrofe de Chernóbil. Las autoridades le habían prometido a Oleksandr una quincena de trabajo y un sueldo 3 veces mayor al de la fábrica en la que se encontraba. Finalmente permaneció allí durante todo septiembre porque el relevo que tenía que sustituirle en la segunda quincena nunca llegó.

31 de los “liquidadores”, la mayoría bomberos, murieron a las pocas semanas a causa de la radiación aguda a la que se expusieron. Esta es la cifra oficial que la URSS establece de víctimas mortales del accidente. Un dato que ha sido muy criticado históricamente y que choca con los informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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